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El cobre más allá del Coronavirus y del Plebiscito

Nos enfrentamos a una crisis económica mundial por un diminuto virus que hace estragos en la salud: el COVID-19, conocido popularmente como el coronavirus.

Casi ha paralizado el comercio exterior chileno, considerando que China, cuna de esta amenaza viral, es nuestro principal socio comercial. Vuelos internacionales suspendidos, miles de personas en cuarentena y largas filas en nuestro principal aeropuerto, para llenar un formulario que acredite que los pasajeros no provienen de algún punto de Asia donde existe mayor contagio. A esto, se suman la cancelación de eventos deportivos mundiales, acceso a atracciones turísticas, como Disney World en Miami y Japón; y hasta la tradicional Semana del Cobre que iba a desarrollarse en Santiago a fines de marzo, con la realización de la Conferencia Mundial del Cobre y la Cesco Week. Así las cosas, hasta Expomin 2020 podría estar en jaque.

Y esto, solo por el coronavirus. Para qué decir del mal llamado “estallido social”, que partió en octubre y que ha derivado en una “explosión delincuencial” que no respeta a nadie y que nos ha convertido en uno de los países con peor imagen para la inversión a nivel mundial. Basta ver el resultado de la última encuesta del Instituto Frazer -uno de los organismos de mayor prestigio mundial en la industria minera y entre los inversionistas- que nos relegó al puesto número 17 como atractivo para la inversión, entre 76 jurisdicciones mineras de todo el orbe.

El año anterior, ocupábamos el sexto lugar. La percepción de los inversionistas tiene que ver principalmente con la incertidumbre de los proyectos que se desarrollan en nuestro país. Al parecer, las reglas del juego ya no están claras; y para quienes hacen negocios en el largo plazo ésta es una variable de la mayor relevancia. El resultado del próximo plebiscito, sin duda alguna, también está entre los factores que mueven el péndulo del atractivo de Chile para los inversionistas.

Frente a este escenario uno termina preguntándose, ¿por qué Chile, con todo el potencial que tiene el sector minero, no es capaz de generar una industria potente que lidere esta actividad a nivel mundial en tecnologías, procesos y equipamiento de vanguardia?

La verdad es que no existe una política de Estado capaz de crear real conciencia de la importancia de este sector. Nos hemos rodeado de enemigos de la minería, que sólo ven a compañías extranjeras que vienen a explotar recursos en su beneficio más que en el nuestro. Pese a esporádicas campañas de organismos sectoriales y de algunas compañías independientes, la antiminería sigue muy latente y no se aprovechan las enormes oportunidades de desarrollo y crecimiento que debieran alcanzarnos a todos.

La industria del cobre bactericida, por ejemplo, que empezó a emerger en el país hace más de una década, sigue dando tumbos ante la indiferencia de autoridades y líderes gremiales del sector minero industrial y comercial de este país. Hoy debiéramos estar vendiendo al mundo no solo mascarillas con nanotecnología de cobre – como lo está haciendo exitosamente CoureTex-, sino miles de artículos producidos por emprendedores nacionales a los que nadie apoya.

Hace un par de años -a través de S.R. Comunicaciones- tratamos de organizar una feria de productores de cobre bactericida, incluso con el apoyo de una organización empresarial del sector y casi una decena de organismos y ministerios, que se unieron en calidad de patrocinadores. No logramos recursos para hacerlo realidad y, luego, vino la cancelación de COP25, una segunda instancia para mostrar al mundo lo que un centenar de empresarios – en su mayoría pymes-, ha logrado desarrollar con nuestro principal producto de exportación.

Como sabemos, el cobre, según la EPA (EE.UU.) es el único metal en el mundo que, después de dos horas de contacto, es capaz de eliminar el 99,9% de virus, bacterias y hongos. Las experiencias indican que ni siquiera sobrevive el estafilococo dorado, – una de las bacterias más agresivas y resistente a muchos antibióticos-, principal causa de la mortalidad por infecciones intrahospitalarias.

Manillas de puertas, barandas de escaleras, cubiertas interiores para ascensores, mesas y escritorios, ropa de aseo, fundas y sábanas, guantes quirúrgicos y otros cientos de artículos, podrían hoy estar entre las principales demandas de productos de exportación provenientes de Chile. Pero, no tenemos una industria desarrollada. Perdemos oportunidades por falta de una política de Estado potente y de muchos de nuestros parlamentarios, que miran nuestro producto solo como el tesoro nacional que no debe ser compartido con nadie.

No agradecen el desarrollo de una industria que con las tecnologías incorporadas por las compañías extranjeras han permitido que Chile continúe a la vanguardia mundial como país productor, no sólo por la cantidad y calidad de sus recursos minerales sino por la experiencia y calidad del recurso humano desarrollado en el trabajo diario de producir el metal rojo.

¿Dónde hay un Instituto Nacional de Cobre? ¿Dónde está la educación en minería desde la etapa preescolar, que permita a las nuevas generaciones sentir orgullo de vivir en un país que es potencia minera mundial y poner sus ojos creativos en el desarrollo de nuevas oportunidades para este y otros metales? ¿Dónde están los investigadores buscando nuevas aplicaciones para el cobre?

Finalmente, ¿dónde está la mirada sectorial más allá de las agendas de desarrollo a 5 ó 10 años?

Hoy es el coronavirus -que llegó a Chile-, mañana será otra mutación del virus de la influenza o alguna bacteria desconocida en la actualidad.

¿No será tiempo ya de volver a mirar a nuestro cobre y de impulsar un real desarrollo de una industria local que puede generar muchos puestos de trabajo, agregando valor al metal?

Silvia Riquelme, Directora  www.guiaminera.cl

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