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Cuando la emergencia entra al trabajo: el rol silencioso de las empresas
- Por Francisca De la Piedra Lira, Cofundadora y CEO Umano. //

Los incendios forestales que hoy afectan a las regiones del Biobío y Ñuble no solo están arrasando con territorios, viviendas y ecosistemas. También están impactando —de manera menos visible, pero igualmente profunda— la vida emocional, familiar y laboral de miles de personas.
Porque cuando ocurre una emergencia de esta magnitud, el trabajo no queda al margen. Detrás de cada colaborador hay preocupación por familiares, pérdida de certezas, estrés acumulado, dificultad para concentrarse y, muchas veces, la sensación de no saber por dónde empezar a pedir ayuda. Esa carga emocional entra a las organizaciones, aunque no siempre se nombre.
En estos escenarios, las empresas cumplen un rol que va mucho más allá de la continuidad operacional. Se transforman, muchas veces sin proponérselo, en uno de los primeros espacios de contención, orientación y apoyo para las personas. No se trata de reemplazar al Estado ni a las redes de emergencia, sino de comprender que el impacto humano de una crisis también se manifiesta dentro de los equipos de trabajo.
Uno de los errores más comunes es pensar que solo requieren apoyo quienes han sido directamente afectados por el fuego. La experiencia y la evidencia muestran que las emergencias generan efectos amplificados: ansiedad, insomnio, irritabilidad, culpa por “seguir trabajando”, miedo a nuevas pérdidas o a no poder responder frente a la familia. Todo ello incide directamente en el bienestar, la seguridad y el desempeño laboral.
La diferencia entre organizaciones suele estar en la preparación. Algunas empresas cuentan con criterios claros, protocolos y una cultura que les permite reaccionar con empatía y oportunidad. Otras, aun con buenas intenciones, enfrentan una crisis interna al no saber cómo acompañar a sus equipos, generando confusión, silencio o mensajes desalineados con la realidad que viven las personas.
¿Qué pueden hacer hoy las empresas frente a este escenario? Primero, comunicar con empatía y claridad, reconociendo la situación sin minimizarla. Segundo, abrir espacios de escucha activa, donde las personas sepan que pueden expresar lo que están viviendo y a quién acudir. Tercero, activar apoyo profesional oportuno cuando sea necesario, especialmente en casos críticos que involucren a colaboradores y sus familias.
Acompañar en momentos difíciles no requiere grandes gestos ni campañas grandilocuentes. Requiere presencia, criterio y capacidad de acompañar a tiempo. Y, sobre todo, comprender que el cuidado de las personas no es una reacción emocional, sino una responsabilidad organizacional que forma parte del liderazgo contemporáneo.
Cuando la emergencia entra al trabajo, las empresas que saben acompañar no solo cuidan a sus equipos. También construyen confianza, cohesión y un liderazgo que perdura mucho más allá de la crisis.



