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El uso de rayos cósmicos en la minería moderna ayuda a encontrar y extraer recursos en yacimientos cada vez más difíciles de localizar
- Las Naciones Unidas advierten que la demanda de minerales críticos podría triplicarse para 2030, lo que obliga a la industria a multiplicar su producción anual por seis para cumplir los objetivos de cero emisiones netas hacia 2050. Las nuevas tecnologías pueden contribuir en la eficiencia de la exploración.

En la era de la transición energética y frente a una demanda creciente de minerales críticos, la industria minera se enfrenta a uno de sus mayores retos: encontrar y extraer recursos en yacimientos cada vez más difíciles de localizar. En este contexto, los rayos cósmicos han emergido como una herramienta revolucionaria, permitiendo a las empresas mineras cartografiar las profundidades del subsuelo mediante partículas subatómicas. Este avance tecnológico es clave para identificar depósitos minerales ocultos, optimizando la eficiencia en la exploración y reduciendo el carácter azaroso de las perforaciones tradicionales.
Así lo describe un artículo de Adam Bluestein, editado por Eric Sullivan y Alan Madsen para Ideon Technologies, que hemos traducido y editado para www.guiaminera.cl.
Según J.P. Morgan, el déficit mundial de cobre refinado alcanzará las 330 000 toneladas este año 2026 y podría llegar a los ocho millones de toneladas en 2035. En tanto, las Naciones Unidas pronostican que la demanda de minerales críticos podría triplicarse para 2030.
Por otra parte, para cumplir con sus objetivos de cero emisiones netas para 2050, la Agencia Internacional de Energía estima que la producción anual de estos minerales deberá multiplicarse por seis.
EL CASO ESPECÍFICO DE KENNECOTT
La mina Kennecott de Rio Tinto, ubicada cerca de Salt Lake City, es un ejemplo emblemático de la innovación y la longevidad en el sector. Desde 1903, esta operación ha producido enormes cantidades de cobre, oro, plata y molibdeno, pero la producción actual dista de satisfacer la demanda global.
Sin embargo, la expansión y el rendimiento de minas como Kennecott tienen un costo ambiental considerable. Esta mina a cielo abierto, la más profunda del mundo, ha transformado el paisaje y requiere la extracción de grandes volúmenes de roca estéril debido a la disminución de la ley del mineral.
La búsqueda de nuevos yacimientos se ha ralentizado, y solo una fracción mínima de los descubrimientos llega a convertirse en minas productivas. Por cada 1000 yacimientos de metales preciosos identificados, menos de cinco logran ser explotados, revelando la necesidad urgente de nuevas tecnologías y métodos para mejorar la “inteligencia del subsuelo”.
CAMBIANDO EL PANORAMA DE LA EXPLORACIÓN

Las empresas mineras avanzan simultáneamente en dos frentes: la identificación de nuevos depósitos y la extracción más eficiente de los existentes. Aquí, la incorporación de rayos cósmicos y modelos innovadores de inteligencia artificial, como los desarrollados por Earth AI y KoBold Metals, están cambiando el panorama de la exploración. Estas herramientas analizan patrones en décadas de datos geológicos, facilitando descubrimientos prometedores de cobre y paladio. No obstante, el desarrollo de nuevas minas sigue siendo un proceso de largo aliento: en promedio, toma 15,7 años desde el descubrimiento hasta la producción, llegando a 29 años en Estados Unidos.
Mientras tanto, la industria recurre al “block hunding” o hundimiento por bloques, una técnica de explotación subterránea que permite ampliar minas antiguas y extraer minerales de baja ley. Este método, ampliamente utilizado en la minería de cobre y oro, consiste en excavar túneles y dinamitar bajo el cuerpo mineral para provocar el colapso de la roca, canalizando el material hacia campanas de extracción. El proceso se asemeja a granos de café que caen de un dispensador, avanzando progresivamente hacia arriba hasta agotar el yacimiento.
LA TECNOLOGÍA REDEFINE LOS LÍMITES DE LO POSIBLE
La integración de rayos cósmicos y la inteligencia artificial en el proceso minero promete reducir la necesidad de perforaciones por ensayo y error, elevando la eficiencia y la precisión en la búsqueda de recursos. Sin embargo, persiste el riesgo de que una mayor inteligencia acelere la extracción sin considerar los impactos ambientales, que siguen siendo enormes.
En definitiva, la exploración minera es un ejercicio de inferencia y adaptación constante, donde la tecnología redefine los límites de lo posible y plantea nuevos desafíos éticos y sostenibles para el futuro del sector.



