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Coquimbo frente a la crisis hídrica: Una solución regional para la escasez hídrica
- Por Alejandro Ignacio Berenguela Tapia, Docente Ingeniería Civil en Minas Facultad de Ingeniería y Arquitectura, Universidad Central Región de Coquimbo. //

La crisis hídrica de la Región de Coquimbo dejó de ser transitoria. La disminución de las precipitaciones, el deterioro de las reservas y la competencia entre consumo humano, agricultura y actividades productivas exigen soluciones de largo plazo. En este escenario, la desalación de agua de mar puede ser una alternativa estratégica para la minería regional, siempre que se implemente mediante una planificación territorial y no como una respuesta aislada.
La minería aporta empleo e inversión, pero muchas faenas se ubican lejos de la costa y a gran altura. Por ello, el desafío no consiste sólo en producir agua desalada, sino también en transportarla mediante tuberías y estaciones de bombeo que elevan el consumo energético y los costos. Esta situación afecta especialmente a la pequeña y mediana minería, que difícilmente puede financiar por sí sola una planta y su infraestructura.
Construir una solución independiente para cada faena podría duplicar obras, aumentar la intervención del borde costero y generar proyectos poco eficientes. Frente a ello, la región debería impulsar un sistema compartido y multipropósito, compuesto por una planta desaladora modular, una conducción principal y puntos de conexión para distintos usuarios. Este modelo permitiría distribuir costos, reducir impactos y ampliar su capacidad según la demanda.
Su implementación podría comenzar con una mesa regional integrada por autoridades, empresas y comunidades. Esta instancia debería determinar la demanda, evaluar trazados, definir estándares ambientales y diseñar un modelo de financiamiento mixto. Luego, un proyecto piloto permitiría comprobar su viabilidad técnica y económica, incorporando energías renovables y monitoreo de la captación y descarga de salmuera.
Coquimbo no puede esperar al agotamiento de sus fuentes continentales para improvisar. La desalación será sostenible sólo si se desarrolla como una estrategia regional, colaborativa y gradual. Más que construir plantas aisladas, se requiere una infraestructura compartida que asegure eficiencia, responsabilidad ambiental y acceso para distintos actores del territorio.



