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Chile no tiene una recesión del cobre: tiene una recesión de proyectos
- Por Manuel Viera Flores, Presidente de la Cámara Minera de Chile. //

El ministro Jorge Quiroz le puso nombre a lo que las cifras venían gritando desde enero: 2026 será «un año de gran recesión en el cobre». Comparto el diagnóstico, no el nombre. El cobre no está en recesión. Se transa aproximadamente ene US$6 la libra y Cochilco proyecta un promedio de US$5,95 para este año, el más alto de la historia. Lo que está en recesión es nuestra capacidad de producirlo. Y la distinción importa, porque de ella depende la receta.
Los datos son inapelables. El IMACEC ha estado en rojo seis de los siete meses del año: enero −0,9%, febrero −0,3%, marzo −0,1%, abril −1,2%, mayo −0,9%, junio +2,4% y julio −1,5%, el peor registro en más de tres años. El PIB cayó 0,3% en el primer trimestre y 0,2% en el segundo. Dos trimestres consecutivos a la baja. Por definición de manual, es una recesión técnica, aunque en La Moneda y en el Banco Central prefieran no pronunciar la palabra. La minería retrocedió 6,4% en el segundo trimestre y el IMACEC minero se desplomó 9,3% en julio.
La producción de cobre del primer semestre fue de 2,48 millones de toneladas, 6,6% menos que en 2025, y a julio la caída acumulada llega a 7%. Codelco, Escondida y Spence concentran el 91% de esa pérdida. El desempleo está en 9,5%. El Banco Central acaba de recortar el crecimiento de 2026 a un rango de 0,25% a 0,75% y proyecta que la inversión caerá 0,3%. Hacienda calcula que solo el cobre resta un punto del PIB. Ahora, ¿recién el mundo político se da cuenta de la importancia de nuestra minería? Pero, hay que hacer algo urgente para volver a crecer.
¿Por qué llegamos a esta situación aquí? La explicación cómoda es geológica: leyes más bajas, yacimientos más profundos y viejos, mantenciones que coincidieron, El Teniente todavía recuperándose del accidente de 2025, sequía y clima adverso en el norte. Todo eso es cierto y explica el mes. Pero no explica la década. Lo que explica la década es que Chile lleva más de diez años sin poner en marcha un proyecto greenfield relevante, que un permiso puede tomar el doble de tiempo que en Perú, Australia o Argentina, que la exploración se debilitó hasta niveles mínimos y que la inversión minera se postergó una y otra vez esperando reglas estables. Las mantenciones explican julio. La falta de proyectos explica todo el 2026 y los 10 años anteriores.
Y hay que decirlo con la misma franqueza: no todo es cobre. El IMACEC no minero también cayó 0,3% en julio, la industria acumula siete meses de retroceso y la construcción bajó 3,2%. La minería no está tapando una economía sana; está dejando de subsidiar una economía sin motores internos. Culpar solo al cobre es esconder el estancamiento del resto.
¿Cómo volver a crecer? No hay milagro, hay ejecución pendiente.
- Primero, recuperar la productividad perdida: la brecha entre capacidad instalada y producción efectiva es hoy la reserva de toneladas más barata del país, y se cierra con disponibilidad de equipos, mantenimiento predictivo y gestión operacional.
- Segundo, permisos con plazos competitivos y de cumplimiento obligatorio, con ventanilla única y silencio administrativo positivo. La ley de permisos sectoriales debe sentirse en terreno, no en el Diario Oficial.
- Tercero, reponer reservas: relanzar la exploración con incentivos tributarios como los peruanos y con datos geológicos precompetitivos abiertos, al estilo australiano.
- Cuarto, una meta país: sumar un millón de toneladas de cobre fino en diez años combinando proyectos nuevos, productividad, reprocesamiento de relaves y lixiviación de sulfuros primarios.
- Quinto, industrializar: fundiciones modernas, cátodos, alambrón y cobre verde con la energía renovable más barata del planeta.
- Y sexto, certeza: reglas tributarias estables por veinte años y una invitación explícita al capital, como la que el propio biministro Mas hizo esta semana a los inversionistas extranjeros.
La minería puede ayudar porque ya lo hace. Solo la minería privada pagará este año cerca de US$8.000 millones en impuestos, 32% más que en 2025, y Cochilco anticipa que la producción subirá 5,2% en 2027, a 5,55 millones de toneladas. Si Chile ordena su cartera de proyectos, cada punto de producción minera arrastra ingeniería, el mundo de los proveedores, transporte, energía, y empleo regional de calidad.
El mundo demanda más cobre que nunca, por la electromovilidad, las redes y los centros de datos, y lo paga a precio récord. Que Chile produzca menos justo ahora no es una recesión del cobre. Es una recesión de decisiones. Y esa sí depende de nosotros.




