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Minería chilena: pocos accidentes, pero consecuencias que siguen siendo letales
- La industria exhibe una de las menores tasas de accidentabilidad del país, pero la severidad de sus siniestros mantiene una alerta estructural. El cierre de 2025 dejó 15 accidentes fatales y 20 personas fallecidas; en 2026, dos muertes en labores de mantención ocurridas con ocho días de diferencia volvieron a poner el foco en los controles de energía, los equipos críticos y la situación de los contratistas. Por Silvia Riquelme Aravena, directora Guía Minera.
A las 8:50 de la mañana del 1 de octubre, el trabajo se detuvo en el sector de chancado y manejo de materiales de la División Radomiro Tomic. Un mantenedor mecánico de 49 años, perteneciente a una empresa contratista, murió mientras intervenía equipos del área. Codelco suspendió de inmediato las actividades, avisó a las autoridades y abrió una investigación. Sernageomin envió a su equipo regional para establecer las causas. Ocho días antes, otro trabajador había fallecido durante tareas de mantención en Minera Escondida, también en la Región de Antofagasta.
La cercanía entre ambos hechos convirtió una sucesión de emergencias en una señal de alarma. No porque la minería sea el sector que más accidentes registra en Chile: ocurre, precisamente, lo contrario. Los datos laborales muestran que su frecuencia de accidentes es comparativamente baja, sostenida por controles operacionales, inversión preventiva y protocolos más exigentes que en buena parte de la economía. La contradicción aparece cuando se observa el desenlace. En minería, un error puede liberar toneladas de roca, poner en movimiento una correa, desestabilizar una carga suspendida o activar energía residual. La menor frecuencia convive así con un potencial de daño extraordinario.
EL AÑO QUE QUEBRÓ LA TENDENCIA
El cierre oficial de 2025 confirmó el retroceso. Sernageomin contabilizó 2.250 personas accidentadas en la industria extractiva minera: 1.580 casos sin tiempo perdido, 650 con tiempo perdido y 20 fallecimientos. Las muertes se produjeron en 15 accidentes fatales, la mayor cantidad de siniestros de ese tipo desde 2018. La diferencia entre accidentes y víctimas importa: un solo evento puede matar a varias personas y alterar por completo la estadística anual.
Eso ocurrió en la Región de O’Higgins. El accidente de la División El Teniente concentró seis víctimas y convirtió a la zona central en el territorio con más fallecidos del año, pese a que el mayor volumen de faenas y empleo minero se ubica en el norte. El episodio expuso la capacidad de los eventos subterráneos —estallidos o desprendimientos de roca, derrumbes y atrapamientos— para multiplicar la letalidad en pocos segundos. De acuerdo con el balance anual, las minas subterráneas concentraron la mayor cantidad de accidentes fatales de 2025.
La distribución territorial de las víctimas dibujó un mapa acotado y desigual: O’Higgins registró seis fallecidos; Atacama, cuatro; Antofagasta, tres; Coquimbo, cuatro; y Valparaíso, tres. La suma alcanza las 20 víctimas informadas por Sernageomin. Este desglose corrige una inconsistencia presente en algunos resúmenes periodísticos, que confundieron el número de accidentes fatales con el de personas fallecidas y asignaron solo una víctima a Coquimbo y Valparaíso.
LA PARADOJA FRENTE AL RESTO DE LA ECONOMÍA
El contraste con otras actividades exige separar dos conceptos. La tasa de accidentabilidad mide cuántas lesiones ocurren en relación con las personas protegidas; la mortalidad muestra cuántas terminan en muerte. En 2024, la tasa nacional de accidentabilidad laboral fue de 2,5 por cada 100 personas protegidas, mientras la minería registró 0,9. Sin embargo, la tasa de mortalidad del sector fue estimada en 6,3 por cada 100.000 trabajadores, frente a 2,1 a nivel nacional. En términos simples: en minería ocurre menos, pero cuando ocurre la consecuencia puede ser mucho peor.
En comercio, servicios, agricultura o manufactura predominan los sobreesfuerzos, golpes y caídas al mismo nivel, eventos frecuentes que suelen provocar lesiones de menor severidad. La minería opera con roca inestable, explosivos, vehículos de gran tonelaje, plantas de chancado y sistemas presurizados. En la serie histórica 2000–2025 de Sernageomin, el 31% de los accidentes fatales fue causado por golpes de roca. En la gran y mediana minería, el mayor peso histórico corresponde a vehículos motorizados y equipos rodantes.
MANTENCIÓN: EL MOMENTO EN QUE UNA MÁQUINA APAGADA AÚN PUEDE MATAR
Los accidentes de septiembre y octubre de 2026 comparten una circunstancia que inquieta a sindicatos y especialistas: ambos ocurrieron durante labores de mantenimiento. En esas tareas, la aparente quietud de un equipo puede ser engañosa. Una máquina detenida puede conservar presión hidráulica o neumática, tensión eléctrica, energía elástica o una carga sometida a la gravedad. Si el aislamiento falla, el reinicio inesperado, la caída de una pieza o la liberación de un fluido pueden provocar atrapamientos, aplastamientos, amputaciones o lesiones fatales.
Los escenarios se repiten: intervención de correas, polines, chancadores o molinos sin aislamiento completo; maniobras de izaje con estrobos, cadenas o ganchos defectuosos; trabajo bajo cargas suspendidas; caídas desde plataformas de palas o camiones de extracción; y sobreesfuerzos al manipular herramientas pesadas en posiciones forzadas. La barrera esencial es el bloqueo y etiquetado de todas las fuentes de energía —conocido como LOTO—, complementado por verificación de “cero energía”, control de la línea de fuego, planificación del izaje y supervisión efectiva.
2026: UNA CIFRA AÚN ABIERTA
Al 2 de octubre de 2026 no existe todavía un consolidado oficial de todos los accidentes mineros —con y sin tiempo perdido— ocurridos entre enero y octubre. La información pública permite afirmar que Antofagasta registra tres trabajadores fallecidos en accidentes mineros durante el año y que dos de esas muertes ocurrieron entre el 23 de septiembre y el 1 de octubre, en Escondida y Radomiro Tomic. No permite, en cambio, extrapolar esa cifra al país completo ni atribuir causas definitivas mientras las investigaciones sigan abiertas.
La lección que deja esta secuencia no cabe en la idea cómoda de que la minería chilena es, simplemente, “segura” o “insegura”. Sus controles han reducido la frecuencia de lesiones, pero no han eliminado los riesgos capaces de producir varias muertes en una sola emergencia. El desafío está en los trabajos no rutinarios, los cambios de turno, la coordinación entre mandantes y contratistas y el momento exacto en que un equipo se abre para ser reparado. Allí, donde la producción se detiene y comienza la mantención, la prevención deja de ser un indicador corporativo: se convierte en la última barrera entre una tarea cotidiana y una tragedia.

FUENTES Y ALCANCE
Antecedentes obtenidos con el cierre estadístico 2025 de Sernageomin, las estadísticas nacionales de la Superintendencia de Seguridad Social, los informes de seguridad de SONAMI y antecedentes públicos sobre los accidentes de Radomiro Tomic y Minera Escondida. Las cifras de 2026 son preliminares al 2 de octubre y pueden cambiar cuando la autoridad publique su consolidado.




