- Por Jorge Pedrals Guerrero, Ingeniero Civil de Minas, Director de Empresas y Consultor. //

El ministro de Hacienda anunció que la nueva Reforma al Mercado de Capitales (MK4) considerará modificar las leyes que afectan a la Bolsa de Valores, mirando a Toronto y su segmento de capital de riesgo y empresas junior. La señal se celebra.
Chile lleva casi 20 años explotando los mismos yacimientos, con una actividad basada principalmente en las grandes mineras, con leyes declinantes y una producción de cobre que ya ha caído del orden de un 10%. Paralelamente, también lleva más de tres décadas intentando acercar la minería al mercado de capitales con resultados magros.
El anuncio de una reforma que apunta por fin al financiamiento de la exploración y que coincide con nuam -la Holding Regional que integra las Bolsas de Santiago, Bogotá y Lima en un único mercado-, abre una oportunidad real.
Conviene, eso sí, fijar bien el objetivo para que no sea un fracaso más. Chile no debe intentar competir con Toronto ni con Australia, sino conectarse con ellas. Toronto (TSX) concentra cerca del 40% de las mineras abiertas del mundo: es un siglo de instituciones y de flujo de operaciones que no aparece por decreto. Australia (ASX) es el segundo gran proveedor de capital minero. Algo ya hemos avanzado, ya que una de las palancas más importantes ya está hecha: el estándar chileno de reporte, la Persona Competente de la Ley 20.235, pertenece a la familia CRIRSCO y ya es reconocido recíprocamente con el NI 43-101 canadiense y el JORC australiano. De hecho, 56 exploradoras chilenas se financian hoy en la TSX-V y en la ASX, ninguna en Santiago. Lima lo demostró con nitidez: su segmento junior propio, creado en 2005, no atrajo inversionistas; conectarse a Toronto, en cambio, sí funcionó.
Para que esta vez resulte, hay que entender que se trata de construir un mercado que funcione de verdad, con oferta real de propiedades, información pública y estandarizada, y conexión con los capitales globales. Eso exige actuar en dos capas coordinadas. En la capa de mercado, tarea del Ministerio de Hacienda y de la CMF, hay que permitir operar en dólares y, sobre todo, construir en el Depósito Central de Valores los puentes de custodia con las depositarias de Canadá y Australia, que es el nudo que Chile nunca resolvió y que Lima sí construyó. Aquí, nuam agranda el mercado regional, pero no reemplaza esa conexión. En la capa minero-institucional, que reside en el Ministerio de Minería y el Sernageomin, hay que asegurar la movilidad de la propiedad minera y la publicación efectiva de la información geológica. Tender la tubería sin asegurar el flujo, o al revés, repetiría el error de todos los intentos anteriores.
Y es justo en el flujo, propiedades mineras para explorar, donde aparece una amenaza que corre en paralelo y avanza en el Congreso. Mientras Hacienda abre esta puerta, el Boletín 18.259-08, hoy en el Senado, propone aplanar la patente minera: reemplazar la escala progresiva que encarecía la tenencia ociosa, hasta 12 UTM por hectárea, por una tasa plana de 0,4 UTM. Si bien las mineras defienden mantener acotada esa alza, el argumento no se sostiene, dado lo siguiente:
1. Quien explora de verdad no sufre alza alguna: la progresividad solo pesa sobre la concesión ociosa, y quien acredita actividad conserva la patente rebajada de 0,1 UTM por hectárea.
2. Tampoco se sostiene el argumento de proteger al pequeño minero, porque la ley vigente ya lo considera de manera especial. El régimen de pequeños y artesanales paga un diezmilésimo de UTM por hectárea, y el titular de hasta 500 hectáreas conserva el décimo gracias al artículo 142 ter, permitiendo acreditar trabajos una sola vez para presumirlo por cinco años. La escala creciente nunca apuntó a él. El boletín, en cambio, deroga ese artículo 142 ter y lo remite al régimen general, cambiando un derecho cierto por una expectativa sujeta a un reglamento aún no dictado. La única novedad real a su favor es que el décimo se alcanza con una declaración jurada.
3. Actualmente más del 90% de las concesiones mineras no está siendo trabajada (Ministerio de Minería 2022), por lo que aplanar el amparo premia precisamente esa tenencia ociosa. La razón es simple: hoy la ley ya cobra 0,4 UTM por hectárea durante los primeros cinco años a quien no acredita trabajos, exactamente lo mismo que la patente plana del boletín. Su único efecto es borrar lo que viene después del quinto año, cuando el costo de seguir sin trabajar empieza a subir, hasta llegar a 12 UTM por hectárea en el paño mantenido ocioso por más de treinta años, treinta veces más. Quien explora de verdad nunca llega a esos tramos: acredita trabajos y solo paga 0,1 UTM, o desarrolla y libera dentro de un ciclo normal. Aplanar la patente es mantener el statu quo del 90% de la propiedad minera ociosa.
4. Preservar la progresividad es lo que habilita las asociaciones virtuosas entre las major y las junior, fenómeno observado en Canadá. Al encarecerse la propiedad ociosa, esta se libera o se transfiere, y surge la oferta que permite a las junior explorar por si solas o al amparo de las grandes y descubrir nuevos yacimientos.
5. El aporte de las junior no es menor: como documenté en mi libro Sociedad y Complejidad, las empresas junior realizaron el 63% de todos los descubrimientos del mundo en la década 2009-2018 (Schodde, 2019). Renunciar a movilizar la propiedad es renunciar a ese motor.
El propio Estado da la pauta. En los derechos de agua y en las concesiones de acuicultura defendió patentes por no uso, fuertemente progresivas. No se entiende que en minería se proponga exactamente lo contrario.
La conclusión es de coherencia. La misma reforma que quiere atraer capital para explorar necesita que haya propiedad disponible. Por eso el boletín debe simplificar la acreditación de trabajos, que es actualmente su acierto, sin desarmar la progresividad del amparo ni derogar la protección expresa del pequeño minero. Conectarnos con el mundo y desamparar el territorio al mismo tiempo sería avanzar con una mano y retroceder con la otra. La oportunidad es demasiado buena para perderla por falta de coordinación.




