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Mongolia y Rio Tinto: La apuesta estratégica del cobre en Oyu Tolgoi
- Por Gastón Fernández Montero, abogado experto en Legislación Minera, empresario e historiador.//

En el corazón del desierto del Gobi, Mongolia alberga uno de los proyectos mineros más ambiciosos del siglo XXI: Oyu Tolgoi, operado por Rio Tinto. Este yacimiento, considerado entre los mayores del mundo en cobre y oro, se ha transformado en un eje estratégico para la electrificación global y, al mismo tiempo, en un desafío político y económico para el Estado mongol.
La mina comenzó su explotación a cielo abierto en 2011 y, tras una década de negociaciones y ajustes financieros, inauguró en 2023 su fase subterránea mediante la técnica de block caving. Con ello, se proyecta que entre 2028 y 2036 Oyu Tolgoi produzca más de 500.000 toneladas de cobre anuales, situándose como la cuarta mina más grande del planeta.
El impacto económico es evidente: en los primeros nueve meses de 2026 la producción alcanzó 312.000 toneladas, un alza del 29% respecto al año anterior. Rio Tinto estima que la producción consolidada de cobre en 2026 oscilará entre 800.000 y 870.000 toneladas, cifra que refuerza la relevancia del proyecto en el mercado mundial.
Sin embargo, la magnitud de Oyu Tolgoi ha generado tensiones. El Estado mongol, propietario del 34% accionario a través de Erdenes Oyu Tolgoi LLC, renegoció en junio de 2026 las condiciones financieras con Rio Tinto, logrando una reducción de US$ 2.200 millones en costos y asegurando US$ 1.500 millones adicionales en ingresos durante la vida útil de la mina. Este acuerdo refleja la búsqueda de equilibrio entre la soberanía económica y la necesidad de inversión extranjera.
Más allá de las cifras, Oyu Tolgoi simboliza la paradoja de Mongolia: un país mediterráneo, sin salida al mar, que depende de sus recursos minerales para insertarse en la economía global. El cobre extraído en el Gobi será fundamental para la transición energética, pues cada aerogenerador de un megavatio requiere más de tres toneladas de este metal, y la producción proyectada podría abastecer la fabricación de más de seis millones de vehículos eléctricos al año.
El desafío futuro será doble: garantizar que la riqueza mineral se traduzca en desarrollo sostenible para Mongolia y, al mismo tiempo, mantener la competitividad de Rio Tinto en un mercado donde el cobre se ha convertido en recurso estratégico.



