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Agua de mar y recirculación reconfiguran la matriz hídrica de la minería del cobre en Chile

  • El balance 2025 de Cochilco muestra que el sector utilizó 80,22 m³/s de agua, de los cuales un 72,5% correspondió a flujos recuperados y recirculados. Mientras la extracción continental retrocedió, el aporte marino llegó a 8,11 m³/s y casi duplicó el nivel registrado en 2020.

La transformación de la matriz hídrica de la minería chilena dejó en 2025 una señal inequívoca: el agua de mar y la recirculación interna ganaron terreno, mientras las fuentes continentales redujeron su peso relativo. De acuerdo con el análisis del Departamento de Estudios de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), elaborado con información de 52 operaciones que representaron el 100% de la producción nacional de cobre del año, el sector utilizó 80,22 m³/s al considerar tanto las extracciones como los flujos recuperados dentro de las faenas.

El consumo operacional —el agua que sale efectivamente del circuito por arrastre, evaporación y otras pérdidas— alcanzó 18,21 m³/s, un 0,5% más que en 2024. En paralelo, la producción de cobre fino se situó en 5.415 kt, con una disminución anual de 1,7%. La combinación de ambas variables elevó levemente la intensidad hídrica de la producción y volvió a poner el foco en la eficiencia de los procesos, especialmente en un escenario de menor ley de los minerales y creciente variabilidad climática.

MENOS EXTRACCIÓN, MÁS AGUA DENTRO DEL CIRCUITO

La extracción operacional totalizó 22,05 m³/s, un 3,1% menos que en 2024. Cochilco atribuyó esta baja principalmente a menores aportes de aguas superficiales asociados a lluvias y escorrentías. De ese volumen, 13,94 m³/s provinieron de fuentes continentales y 8,11 m³/s del mar, equivalentes al 63,2% y 36,8% de la extracción, respectivamente.

El principal suministro, sin embargo, no llegó desde una nueva captación. El agua recuperada y recirculada sumó 58,17 m³/s, un 4,4% más que el año anterior, y explicó el 72,5% del uso total. Dentro de ese flujo, la recirculación en espesadores representó el 42,8% y la vinculada a hidrometalurgia el 21,9%; el resto correspondió a transferencias entre tareas y otras recuperaciones. El dato confirma que mantener el agua dentro de los circuitos productivos es un componente estructural de la operación minera: la tasa de reutilización se ha sostenido por sobre el 70% durante la última década.

EL MAR CONSOLIDA SU AVANCE

La extracción de agua de mar aumentó 4,6% respecto de 2024 y llegó a 8,11 m³/s. De ese total, 5,71 m³/s correspondieron a agua desalinizada —el 70,4% del aporte marino— y 2,40 m³/s a agua utilizada sin desalar. Además, el 74% fue suministrado por infraestructura propia de las operaciones y el 26% se adquirió a terceros.
En la matriz completa de uso, el agua de mar representó el 10,1%, frente al 17,4% de las fuentes continentales. Estas últimas se distribuyeron entre aguas subterráneas, con 5,52 m³/s y un 39,6% del componente continental; aguas superficiales, con 5,33 m³/s y un 38,3%; y agua adquirida a terceros, con 3,08 m³/s y un 22,1%. La tendencia de largo plazo es nítida: el uso de agua marina más que se triplicó desde 2016 y continúa desplazando, en términos relativos, a las captaciones continentales.

CONCENTRACIÓN Y RELAVES EXPLICAN OCHO DE CADA DIEZ LITROS CONSUMIDOS

La concentración de minerales y el depósito de relaves explicaron el 79,8% del consumo operacional. Muy por detrás se ubicaron la hidrometalurgia, con 8,4%; la mina y el control de polvo, con 6,0%; los servicios y otros usos, con 3,9%; y las fundiciones y refinerías, con 1,9%. La distribución refleja el creciente peso de la concentración en la matriz productiva del cobre chileno y la necesidad de gestionar con especial atención sus circuitos de molienda, espesamiento y relaves.
Las pérdidas por arrastre concentraron el 44,8% del consumo, la evaporación otro 38,6% y las restantes causas el 16,6%. En términos unitarios, la concentración demandó 0,600 m³ por tonelada de mineral procesado, mientras la hidrometalurgia utilizó 0,092 m³ por tonelada tratada. Estos indicadores permiten separar el efecto de los volúmenes productivos de otros factores operacionales, como las características del mineral, la tecnología y el desempeño de cada faena.

CINCO AÑOS DE CAMBIO: MENOS AGUA CONTINENTAL Y CASI EL DOBLE DE APORTE MARINO

La comparación con 2020 dimensiona la velocidad del cambio. En cinco años, el consumo operacional aumentó de 16,98 a 18,21 m³/s, una variación de 7,2%, mientras la producción de cobre fino descendió de 5.506 a 5.415 kt, equivalente a 1,7%. En el mismo período, la extracción de agua continental cayó 9,1%, desde 15,34 a 13,94 m³/s, y el uso de agua de mar subió desde 4,06 a 8,11 m³/s, un incremento de 99,8%.

La recirculación también creció: pasó de 54,19 m³/s en 2020 a 58,17 m³/s en 2025, un avance de 7,3%. Su participación relativa bajó levemente, de 73,2% a 72,5%, pero se mantuvo como la base del abastecimiento. En paralelo, el consumo unitario de concentración descendió de 0,607 a 0,600 m³/t y el de hidrometalurgia se redujo con mayor fuerza, desde 0,119 a 0,092 m³/t. El resultado combina mejoras de eficiencia con cambios en la estructura productiva del sector.

LA NUEVA RESILIENCIA HÍDRICA TAMBIÉN ABRE DESAFÍOS

La menor dependencia de fuentes continentales reduce la exposición del sector a la escasez local, pero traslada parte del desafío hacia la continuidad de una infraestructura especializada. Plantas desalinizadoras, sistemas de impulsión, ductos y redes eléctricas pasan a ser elementos críticos para sostener el abastecimiento desde la costa hacia operaciones ubicadas a gran altura y distancia. La resiliencia hídrica, por tanto, exige integrar disponibilidad, confiabilidad operacional y eficiencia energética.

A ello se suma la necesidad de fortalecer la medición, trazabilidad y reportabilidad de los flujos. Contar con información consistente sobre captaciones, recirculación, transferencias, pérdidas y consumos por proceso será determinante para identificar brechas, comparar desempeños y orientar inversiones en un contexto en que cada operación enfrenta condiciones geográficas y mineralógicas distintas.

El balance de 2025 confirma que la minería del cobre ya no entiende la gestión del agua únicamente como una tarea de captación. La recirculación masiva, el crecimiento del suministro marino y la reducción del aporte continental están configurando una matriz más diversificada. El desafío para los próximos años será sostener esa transición sin perder de vista la intensidad del consumo, la confiabilidad de la infraestructura y la eficiencia de los procesos que concentran la mayor demanda.

 

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