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Construir bajo tierra, mirar al futuro

  • Por Chantal Gardilcic, Gerente de Recursos Humanos y Comunicaciones de Constructora Gardilcic.//

Chantal Gardilcic, Gerente de Recursos Humanos y Comunicaciones de Constructora Gardilcic.

Hablar de minería en Chile es hablar de nuestra propia historia, pero, sobre todo, de nuestra capacidad de adaptación. Trabajar a cientos de metros bajo la superficie, excavando los túneles que sostienen el desarrollo económico del país, no solo requiere ingeniería de alta precisión; exige, por sobre todas las cosas, un compromiso humano de máxima responsabilidad. Quienes formamos parte de este sector sabemos que detrás de cada kilómetro avanzado no hay solo máquinas, sino hombres y mujeres cuyo talento, disciplina y bienestar hacen posible cada proyecto.

En un escenario global de transformación acelerada, el gran desafío de la minería subterránea y la construcción minera ya no es únicamente técnico. El verdadero reto radica en cómo lideramos la evolución de nuestro capital humano. Enfrentamos una transición generacional donde la experiencia y el conocimiento acumulado por décadas de oficio conviven con la llegada de jóvenes profesionales que buscan no solo un trabajo estable, sino un propósito claro, entornos laborales seguros y una cultura de aprendizaje permanente.

Las nuevas generaciones están rediseñando nuestra forma de entender el trabajo. No le temen a los entornos complejos, pero nos desafían a actualizar la manera en que enseñamos y nos protegemos. La adopción de nuevas tecnologías —desde la simulación mediante realidad virtual para entrenar en escenarios de riesgo sin exponer a las personas, hasta la automatización e inteligencia de datos para monitorear condiciones de terreno— no busca reemplazar al trabajador minero, sino potenciar su talento y resguardar su vida. La tecnología se convierte así en el mejor aliado de la seguridad.

Sin embargo, la innovación tecnológica de nada sirve si no va acompañada de un perfeccionamiento continuo en habilidades transversales. El liderazgo empático, la comunicación efectiva dentro de los túneles, la capacidad de adaptación al cambio y, sobre todo, la vivencia genuina de una cultura donde el autocuidado y la seguridad de las personas están por encima de cualquier meta operacional o comercial, son hoy las verdaderas competencias del futuro.

El recambio generacional no es una amenaza a la tradición; es una oportunidad de oro para dinamizar la industria. La clave está en construir puentes: transferir la sabiduría práctica de nuestros trabajadores más experimentados hacia los más jóvenes, al mismo tiempo que integramos la cultura digital y la visión sostenible y sustentable que traen las nuevas promociones de técnicos e ingenieros.

Seguir formando profesionales capaces de combinar lo técnico con una buena comunicación, la empatía y la innovación, es el compromiso más noble y propositivo que como líderes de personas podemos asumir con Chile.

 

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