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De la IA asistida a la autonomía: la mirada de José Magalhães Fernandes sobre el próximo umbral de la minería

  • Por Patricio Villavicencio, Partner – Executive Strategy Consultant Wingenroth Consulting. //

Patricio Villavicencio, Partner – Executive Strategy Consultant Wingenroth Consulting

En el marco de Mining Summit 2026, en Santiago, tuve la oportunidad de reunirme con José Magalhães Fernandes, presidente y CEO de Honeywell Technologies para América Latina, al término de una conferencia de prensa que cerró el programa de charlas y paneles que durante todo un día reunió a líderes de grandes multinacionales como Codelco, BHP, Rio Tinto y Albemarle. La actividad fue organizada por la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (AmCham Chile) y Honeywell, con la colaboración de Microsoft. El encuentro abordó prioritariamente cómo las soluciones autónomas y la IA pueden acelerar la extracción de minerales críticos, conectando la capacidad productiva actual con los exigentes requerimientos de la transición energética global.

La evolución de la inteligencia artificial en la minería, los límites actuales de la autonomía y la urgencia de conectar la innovación con la confianza operacional y el retorno económico estuvo en el centro del análisis de la mayoría de los expertos que participaron de la actividad.

Me quedé con la sensación de que nos enfrentamos a una realidad inobjetable: La conversación sobre inteligencia artificial en minería ha cambiado de nivel. Ya no basta con preguntarnos qué puede hacer la tecnología. La pregunta de fondo es cuánto control está dispuesta la industria a entregarle y bajo qué condiciones económicas, operacionales y humanas. Esa fue, a mi juicio, la idea que también atravesó mi encuentro con José Magalhães Fernandes.

Su visión es deliberadamente progresiva, y la comparto. Hoy la IA cumple principalmente el rol de un asistente experto: captura conocimiento operacional, analiza grandes volúmenes de información y permite que operadores con menos experiencia tomen decisiones con mayor contexto. El objetivo inmediato no es retirar a las personas de la operación, sino elevar la productividad, la disponibilidad de los activos y la capacidad de respuesta. Es un punto de partida sensato para una industria donde cada error se paga caro.

AUTONOMÍA: TECNOLOGÍA, CONFIANZA Y DECISIÓN

En el marco de Mining Summit 2026, en Santiago, Patricio Villavicencio y José Magalhães Fernandes, presidente y CEO de Honeywell Technologies para América Latina.

La conversación se volvió más interesante cuando surgió la pregunta incómoda: ¿la narrativa actual de la IA como complemento humano es el estado final o solo una etapa previa hacia operaciones con menor intervención directa? El caso concreto lo hace evidente. El monitoreo continuo de activos —vibración, temperatura, nivel de aceite y alertas predictivas— ya permite reducir inspecciones físicas y anticipar condiciones anómalas. La tecnología, en buena medida, ya está disponible.

Fernandes reconoció que esa frontera puede desplazarse. En una primera etapa, la IA acompaña al operador y actúa como vehículo de transferencia de conocimiento. Más adelante, a medida que crezcan la madurez tecnológica y la confianza, una proporción mayor de la operación podría automatizarse. Coincido con él en un matiz clave: este cambio no supone necesariamente la desaparición del trabajo humano, sino su desplazamiento hacia centros de control, analítica, supervisión y nuevas especialidades. El desafío, entonces, no es solo tecnológico; es también de formación y de gestión del talento.

La autonomía no avanzará solo porque la tecnología exista. Avanzará cuando converjan capacidad técnica, confianza operacional, seguridad, talento y evidencia económica.

LA SEGUNDA FRONTERA: EL RETORNO ECONÓMICO

El otro eje de nuestra conversación fue financiero: ¿cómo deben evaluar las compañías mineras una inversión tecnológica antes de escalarla? Fernandes puso el foco en tres variables: retorno esperado, riesgo y evidencia de funcionamiento. En una industria intensiva en capital como la nuestra, la innovación no puede separarse de la disciplina de inversión.

Esa respuesta une dos conversaciones que, con demasiada frecuencia, avanzan por carriles distintos: la transformación tecnológica y la creación de valor. Una solución puede funcionar técnicamente y, aun así, no justificar su despliegue a escala. Desde mi experiencia como ingeniero, creo que la adopción sostenible exige demostrar impacto concreto en disponibilidad, productividad, seguridad, costos o reducción de riesgo. Sin esa evidencia, la innovación se queda en el piloto.

UNA MIRADA DE LARGO PLAZO, SIN ATAJOS

Salí de esa reunión con una convicción reforzada: la minería avanzará hacia mayores niveles de autonomía, pero el ritmo no dependerá solamente de los algoritmos. Dependerá de la confianza que las operaciones, los equipos humanos y lo que los inversionistas sean capaces de construir a su alrededor. Las declaraciones de Fernandes ofrecen precisamente eso: una mirada de largo plazo, sin simplificaciones.

Por eso, la pregunta que dejo abierta para la industria no es técnica, sino estratégica: ¿cuánto de la operación estamos preparados para confiarle a la inteligencia artificial?

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