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La génesis de Escondida: el hallazgo que transformó la minería chilena

  • Por Gastón Fernández Montero, abogado especialista en Derecho Minero, historiador y académico de la U. de Chile. //

Gastón Fernández Montero, abogado especialista en Derecho Minero, historiador y académico de la U. de Chile.

De lo profundo del desierto nace un coloso, sin que en la superficie hubiera rastros de anteriores labores mineras. En el corazón del desierto de Atacama, bajo una capa estéril de ignimbritas y arenas, dormía uno de los mayores tesoros geológicos del planeta. Su nombre, Escondida, no es casual. Durante millones de años, este gigantesco pórfido cuprífero permaneció oculto, hasta que un puñado de geólogos visionarios, armados de mapas, brújulas y una intuición forjada en terreno, logró develar su secreto.

El modelo que cambió la historia

A fines de los años 70, la minería chilena vivía un momento de transición. La nacionalización del cobre había consolidado el control estatal sobre los grandes yacimientos, pero el potencial del norte grande seguía siendo una promesa por explorar. Fue entonces cuando el geólogo estadounidense David Lowell, junto al chileno Francisco Ortiz, aplicaron en la Cordillera de Domeyko un modelo que revolucionaría la prospección minera: el modelo de pórfido de cobre-molibdeno, desarrollado por el propio Lowell junto a otro renombrado geólogo, John Guilbert.

Este modelo proponía que los grandes yacimientos de cobre no eran vetas visibles en superficie, sino sistemas diseminados, con zonaciones concéntricas de alteración hidrotermal y mineralización. La clave estaba en leer las huellas sutiles que dejaban los fluidos magmáticos en las rocas: alteraciones potásicas, argílicas, fílicas, y la presencia de minerales indicadores como sericita, clorita o turmalina.

La intuición en el desierto

El autor de esta columna junto al geólogo estadounidense David Lowell.

En 1981, la empresa Utah International (luego parte de BHP) inició una campaña de exploración en la Quebrada Escondida, al sureste de Antofagasta. El paisaje era desolador, sin signos evidentes de mineralización. Pero Ortiz y su equipo detectaron patrones de alteración que sugerían un sistema enterrado. La perforación del sondaje número 23 fue decisiva: a más de 300 metros de profundidad, apareció una zona de enriquecimiento secundario con calcosina y bornita. El pórfido estaba allí, oculto bajo una cobertura estéril.

El hallazgo fue recibido con escepticismo por algunos, pero la perseverancia del equipo y la consistencia del modelo geológico permitieron delinear un cuerpo mineralizado de proporciones colosales. Así nació Escondida, un nombre que honra tanto su condición geológica como el temple de quienes la descubrieron.

De descubrimiento a revolución

La mina Escondida comenzó su producción en 1990 y rápidamente se convirtió en el mayor productor de cobre del mundo. En el año fiscal 2025, alcanzó su mayor nivel de producción en 17 años, con un total de 1.305.000 toneladas de cobre, lo que representa un aumento del 16% respecto al periodo anterior. Este coloso minero ha sido un pilar fundamental para la economía chilena, aportando significativamente a las exportaciones y consolidando a Chile como líder mundial en la minería del cobre.

El geólogo chileno Francisco Ortiz (Q.E.P.D), reciendo un homenaje del IIMCH , junto al presidente de esa agrupación gremial y al exministro de Minería, Santiago González.

Este impacto económico no solo se refleja en cifras, sino también en el desarrollo regional, la generación de empleo y la innovación tecnológica en la industria minera. La historia de Escondida es también un homenaje a quienes hicieron posible este logro, especialmente a los geólogos visionarios David Lowell y Francisco Ortiz, cuyo trabajo y dedicación transformaron la minería chilena y dejaron un legado imborrable.

La mina comenzó su producción en 1990 y rápidamente se convirtió en el mayor productor de cobre del mundo. Su impacto fue profundo: no solo transformó la economía de la Región de Antofagasta, sino que consolidó a Chile como líder mundial en minería del cobre. Además, marcó un hito en la exploración geológica, demostrando que los grandes yacimientos podían descubrirse sin afloramientos visibles, solo con ciencia, método y coraje.

Hoy, cuando recorremos las faenas de Escondida o estudiamos sus secciones geológicas, no solo vemos un yacimiento: vemos una epopeya de conocimiento, intuición y trabajo en equipo. Una historia que merece ser contada, no solo por su valor económico, sino por lo que revela sobre la capacidad humana de leer la tierra y transformar el destino de un país.

 

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