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Nueva normalidad y responsabilidad organizacional

  • Rodrigo Serrano, Vicepresidente Corporativo de Innovación y Desarrollo en Wisetrack Corp.

Rodrigo Serrano, Vicepresidente Corporativo de Innovación y Desarrollo en Wisetrack Corp.

Es un hecho, la economía no puede parar y los países no pueden volver a ralentizar la actividad comercial e industrial como fue al inicio de la pandemia. Durante el último tiempo, si bien disminuyeron los contagios, también se perdieron millones de empleos quedando muchas familias bajo la línea de la pobreza, sumado a que las arcas fiscales de los países se vieron mermadas a niveles muy peligrosos.

Es así como aprovechando los avances en vacunación, muchos gobiernos están tomando la decisión de volver a la normalidad lo que más se pueda, cuidando a los que se contagien, pero bajando al mínimo las medidas obligatorias de protección y aislamiento, fomentando el autocuidado y ofreciendo consejos por sobre las normas coercitivas. En este sentido, las empresas son un eslabón más en el esfuerzo, pero no todas pueden establecer el teletrabajo como la modalidad estándar, pues muchas se ven obligadas a tener colaboradores trabajando presencialmente en las oficinas, plantas e instalaciones, lo que implica el aprendizaje paulatino en pro de mejorar de las medidas para protegerlos a todos.

Esta nueva normalidad exige cuidar a los colaboradores no sólo físicamente, sino también capacitándolos, entregando los implementos de protección personal necesarios, exigiendo pases de movilidad a visitas o en eventos corporativos, instalando separadores en escritorios y mesones, fomentando los test cuando existan sospechas y facilitando los permisos para las vacunaciones o exámenes, pero también e igual de importante: proveer mecanismos de ayuda sicológica y contención emocional.

Así como el formato presencial puede generar miedo a contagiarse y contagiar a los seres queridos, el formato telemático también puede generar algún grado de ansiedad ya sea por no tener las condiciones adecuadas en el hogar, por no contar con el feedback diario acostumbrado de superiores y pares, por perder el sentido de pertenencia que dan las organizaciones, o, por el contrario, por sentirse tan controlados y observados, incluso estando en sus hogares, que el teletrabajo se transforma en un potente generador de estrés.

Vencer a la pandemia no es sólo vencer al virus, es sortear de buena manera todos los cambios económicos, sociales, laborales y familiares a los que nos hemos visto obligados como individuos y como conjunto, transformándose el cuidado física y mental a las personas en parte de la Responsabilidad Social Empresarial que las organizaciones deben tener, partiendo de la base de que al final del día, independiente de donde trabajemos o por donde nos movamos, todos interactuamos con todos.

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