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EDITORIAL -¡Bienvenido 2019!

Se fue 2018, año marcado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, lo que mantuvo al mundo económico y financiero cargado de incertidumbres. A principio de año, la nación norteamericana impuso aranceles especiales para las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%), procedentes de China. La respuesta no se dejó esperar. El líder asiático fijó aranceles a 128 productos que se importaban desde Estados Unidos y…, así durante los meses siguientes, vimos contraofensivas por ambos lados. Fuimos testigos del “gallito” entre las principales economías del mundo, lo que no dejó a nadie indiferente. El conflicto se globalizó. Cual más, cual menos, todos recibimos el impacto de sus acciones.

La inestabilidad produce incertidumbre y la incertidumbre paraliza a los mercados. Quienes buscan rentabilidad de corto plazo, lo experimentaron en el mercado bursátil. Y en el mediano y largo plazo, se tradujo en un freno a las inversiones y muchos proyectos quedaron congelados. Esto afectó especialmente a la minería, donde el desarrollo de una iniciativa puede demorar varios años antes de iniciar su fase productiva y generar rentabilidad a las compañías.

 

DESPEJANDO INCERTIDUMBRES

El conflicto no ha terminado. De hecho, se ha perdido el dinamismo de la economía a la que estábamos acostumbrados. Aunque Chile creció 4% en 2018, más por efectos externos, que por el manejo interno, la situación de cautela es global. Tanto así, que el economista Osvaldo Rosales dice que tendremos que acostumbrarnos a vivir en escenarios de volatibilidad e incertidumbre, hasta que Estados Unidos y China lleguen a un equilibrio, lo que, sin duda, llevará tiempo. La norma serán las fricciones comerciales, sin llegar a una guerra comercial desatada entre ambas potencias, Más bien, será una etapa de “guepaz”, lo que seguiremos viviendo en los próximos años.

Desde el punto de vista internacional, los analistas indican que la relación entre Chile y Estados Unidos es hoy más sólida que nunca. Desde la firma del TDLC el comercio bilateral se ha multiplicado por 10 y las perspectivas de crecimiento son muy positivas.

Algo similar es lo que ocurre con China, el  principal socio comercial de nuestro país. En la actualidad, el área de comercio Asia Pacífico se observa muy beneficiosa para muchos de los sectores de nuestra economía.  La Cumbre de la APEC, que tendrá lugar en Chile a partir de los

próximos meses, ampliará nuestra mirada y nos proyectará con fuerza hacia ese mercado a lo largo de todo 2019 y en los años posteriores.

EL IMPACTO SOBRE EL COBRE

Uno de los principales impactos en el sector minero de la denominada “guerra comercial” se evidenció durante el año pasado en el precio del cobre. La volatilidad fue el pan de cada día.

Los analistas dicen que, al término de 2018 el metal rojo registró el peor desempeño desde 2015, con una caída en su precio de 17%, entre la última cotización de diciembre de 2017 (US$3, 25 / Lb) y la del cierre de 2018.  De hecho, el último día del año, la libra del metal rojo se cotizó en US$2,70 en el mercado internacional, para llegar a un promedio de US$2,96 en el año, lo que igual determinó un leve incremento, respecto de lo que fue el promedio anual de 2017 (US$2,80).

Pero, para 2019 Jorge Cantallops, Director de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco, estima un promedio de US$3,05 y para 2020, de US$3,08 la libra. ¿Por qué el optimismo?  Los analistas del sector dicen que el stock acumulado en los años con precios bajos, ya se agotó y que, la oferta no alcanzará a responder a la demanda, motivo por el cual se observará un déficit creciente en el mercado.

El desarrollo y crecimiento explosivo de la electromovilidad influye significativamente en el crecimiento de la demanda futura del metal rojo.

El vicepresidente ejecutivo de Cochilco, Sergio Hernández, dijo recientemente en un seminario, que “La demanda de minerales, y particularmente la de cobre, se proyectan en el largo plazo con más fortaleza que nunca en la historia”. Sostuvo que se prevé hacia el año 2050, que la demanda de cobre refinado llegue a 38 millones de toneladas, con un incremento anual de 450 mil toneladas, como consecuencia, principalmente, del mayor consumo que requerirá el sector transporte. “Solo la demanda de transporte, en gran medida por efecto del cambio de los vehículos de combustión interna a automóviles eléctricos, representa 4,3 millones de toneladas adicionales de cobre, consumidas anualmente al 2050”, precisó.

A modo de ejemplo, agregó que un tren de alta velocidad requiere entre 2 y 4 mil toneladas de cobre, un tren eléctrico entre 1 y 2 mil toneladas, un vehículo híbrido entre 40 y 60 kilos, y un bus eléctrico entre 224 y 369 mil kilos. En este contexto, existe un importante espacio para aumentar la oferta de cobre.

Agregó que, para que Chile mantenga su actual participación de producción en el mercado de cobre mundial, que alcanza a 27,2%, el país debe producir 8,3 millones de toneladas al 2050, 2,5 millones adicionales, a una tasa de crecimiento del 2% anual.

 

BUENOS AIRES MINEROS

Frente a este escenario que caracteriza el inicio de 2019, los anuncios de proyectos mineros que verán la luz próximamente, como la Ampliación de Pelambres (AMSA), Quebrada Blanca II de Teck, Los Bronces de Anglo, la etapa de construcción en la que se encuentra Spence (BHP),  y el proyecto que extiende la operación de Collahuasi (Glencore y AngloAmerican), traen brisas de optimismo en el empleo sectorial, que en el último informe del INE (Septiembre-noviembre de 2018) ya había aumentado 3,5% en los últimos doce meses, con un total de 7 mil nuevos trabajadores.

Esto, es una excelente noticia, dado que favorece principalmente a las regiones del norte del país y al polo de desarrollo que representan y son parte del optimismo, que se refleja en el sector, lo cual aplaudimos.

De acuerdo con Cochilco, para la Región de Antofagasta, por ejemplo, los proyectos de inversión al año 2027, suman US$28.025 mil millones, lo que representa un 37% de la cartera total, destacando las iniciativas de Codelco con un 22% del total, de PotashCorp con el mismo porcentaje y Antofagasta Minerals con un 14%. En términos de la generación de empleo, Antofagasta también figura como la región que mayor empleo dará con un total de 45 mil personas, considerando las faenas que estén en construcción y operación.

LOS GRANDES DESAFÍOS

Pero quedan muchos desafíos por delante, especialmente en el largo plazo. Ya se escucha desde varios sectores la idea de crear en Chile un gran Centro de Investigaciones Mineras, específicamente en relación con el cobre, que marque la pauta a nivel mundial. ¿Y, por qué no? Si somos el primer productor de cobre del mundo y se encuentran en este territorio las principales reservas del planeta, además de contar con recursos humanos de excelencia y grandes universidades capaces de asumir esa misión. Tal vez, sólo falta voluntad y una política país, que se enfoque en la minería como corresponde. Nadie puede desconocer el tremendo aporte sectorial al desarrollo nacional. Por lo tanto, una alianza entre universidad -empresa y Estado, debiera ser clave para concretar un pacto con ese fin.  Además, desarrollar industrias asociadas utilizando la diversidad de usos del cobre, puede dar lugar a una marca sectorial que nos identifique a nivel global y nos haga avanzar más rápido por el camino del desarrollo.    Esto no puede esperar y si las actuales autoridades tienen la sensibilidad necesaria para liderar esa gestión, será un desafío de grandes proyecciones.

Finalmente, no debemos quitar los ojos de otros recursos naturales, como el litio, que representan un mercado en crecimiento, también impulsado por la electromovilidad y la necesidad de baterías. Perdimos el liderazgo mundial que ostentamos durante mucho tiempo, por la producción de espomudeno de Australia. No debemos seguir perdiendo protagonismos en éste y en otros ámbitos. La tecnología y la robótica avanzan a pasos gigantescos. Chile tiene que estar ahí, no solo con el esfuerzo de pequeños start ups, que logran abrirse camino en el mundo, gracias a su idealismo y grandes sacrificios personales, sino con el apoyo de todo el país, a través de un organismo que impulse su gestión y permita el desarrollo de nuevas industrias que den a Chile el lugar que se merece.

Finalmente, no debemos descuidar el incentivo que requieren las inversiones, para que Chile siga creciendo. Aunque durante 2018 se observó un crecimiento sectorial importante en materia de inversiones, aún queda mucho por concretar.

Hasta octubre, el Banco Central reconocía US$7.834 millones en el balance de la inversión extranjera ingresada a Chile, lo que representa un alza de un 25% respecto de igual periodo de 2017 y el ministro de Economía, Fomento y Turismo, José Ramón Valente enfatizaba que la recuperación que muestra la IED es una buena señal ya que “es sinónimo de más empleos y más oportunidades para todos los chilenos”. Pero, si miramos el contexto latinoamericano, podemos observar que, especialmente nuestros vecinos han sido capaces de atraer mayor inversión externa que Chile, porque han creado instrumentos especiales que incentivan la llegada de capitales externos. Por lo que éste es un punto que debemos analizar en profundidad.

Tenemos un atractivo marco legal, político y tributario, fundamentales para atraer la inversión, pero siguen faltando instrumentos que aceleren este proceso.  Lo importante es no perder de vista ninguno de estos aspectos que nos permitirán construir un Chile más  grande y con mucho futuro para las nuevas generaciones.

Silvia Riquelme

Directora

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