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Tecnología sin cultura: el riesgo silencioso de la minería del futuro

  • Por Álvaro Díaz, Gerente General de Indimin. //

Álvaro Díaz, gerente general de Indimin.

La minería mundial atraviesa un periodo decisivo marcado por la aceleración de la demanda de minerales estratégicos. El cobre, el litio y otros insumos críticos se han convertido en pilares para la transición energética, la electromovilidad, la digitalización industrial y el desarrollo de nuevas cadenas productivas globales.

Chile, en este escenario, dispone de una de las carteras de proyectos más relevantes de la última década, con inversiones proyectadas hacia 2034 por sobre los US$104.000 millones en cobre, litio y otros desarrollos asociados, de acuerdo a datos de Cochilco. La oportunidad es evidente. Mayor competitividad, liderazgo global y contribución decisiva a un futuro bajo en emisiones.

Sin embargo, existe una tensión estructural que la industria no puede ignorar. Frente al envejecimiento de las faenas, la caída de las leyes de mineral y mayores exigencias de desempeño ambiental y de seguridad, el sector ha encontrado en la tecnología un impulso para la productividad. Sin embargo, la incorporación de estas soluciones por sí sola, no asegura resultados. En numerosos casos, los proyectos digitales y las iniciativas de automatización no alcanzan los impactos prometidos, no debido a fallas técnicas, sino por brechas culturales, organizacionales y de liderazgo. El obstáculo principal no reside únicamente en la ingeniería o en la infraestructura digital, sino en la forma en que las organizaciones preparan a sus personas, gestionan el cambio y articulan una visión compartida.

Las faenas mineras concentran conocimiento, experiencia operacional y talento altamente especializado. No obstante, cuando la tecnología se introduce sin propósito estratégico claro, sin reconocimiento del rol humano, su rol en la transformación del proceso, ni mecanismos de participación efectivos, frecuentemente se transforma en un factor de presión más que en una herramienta de apoyo. La implementación de sistemas autónomos o soluciones basadas en inteligencia artificial ha mostrado que las resistencias no nacen de un rechazo a la innovación, sino de la ausencia de gestión humana, diálogo y acompañamiento en los procesos de transición y aprendizaje permanente.

De acuerdo con el estudio “Autonomía minera en América Latina 2025: Liderazgo, talento y sostenibilidad en la nueva era operativa”, desarrollado por NTT Data y MIT Technology Review, el 72% de las compañías que han apostado por proyectos de autonomía, no han logrado capturar los beneficios esperados. Más relevante aún, el 66% de estos resultados insuficientes no se explica por limitaciones tecnológicas, sino por la falta de preparación organizacional, de liderazgo y de capacidades humanas para gestionar procesos de transformación complejos y de largo plazo.

La minería del futuro se perfila como un sistema híbrido, donde la inteligencia artificial, la automatización y la analítica avanzada convivirán con la experiencia en terreno. Este equilibrio solo será posible si se reconoce el valor estratégico del capital humano. Operadores, mantenedores, supervisores y equipos técnicos requieren tecnología que los potencie, no que los desplace; herramientas que generen confianza, reconocimiento y aprendizaje continuo, no únicamente control y monitoreo.

La amplia cartera de proyectos que Chile tiene por delante exige productividad sostenida, uso inteligente de datos, eficiencia operacional y continuidad. Pero también demanda liderazgo resiliente, equipos integrales, gobernanza estable, políticas corporativas que trascienden ciclos individuales y una cultura capaz de adoptar cambios de largo plazo. La transformación tecnológica, para ser efectiva, debe colocarse al mismo nivel que la gestión del cambio, el desarrollo de capacidades y la construcción de sentido colectivo en las organizaciones.

El desarrollo minero del país no se definirá únicamente por inversiones, equipamiento o sofisticación digital. Se definirá por la capacidad de integrar tecnología y talento humano para construir operaciones más seguras, más productivas y sostenibles. Chile, con su experiencia, su ecosistema industrial y su posición estratégica, tiene la posibilidad de liderar no solo la producción de minerales estratégicos, sino también la forma en que la minería incorpora innovación con propósito y con personas en el centro y a la vez desarrolla nuevos servicios en torno a la industria. Ese es el verdadero desafío para la próxima década.

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