- Por Gastón Fernández Montero, Abogado Especialista en Derecho Minero. //

Nací profesionalmente en la ENAMI. Participé en su creación y vi cómo, desde el DFL 153 que le asignó un rol claro en 1960, sus funciones se fueron transformando hasta perder, en parte, su norte original. Este artículo recorre, desde mi experiencia directa, la evolución de sus responsabilidades, las distorsiones que se han instalado y las propuestas para reorientar su función pública, además de ampliar su labor a minerales críticos que hoy demandan atención estratégica.
Origen y propósito fundacional
La ENAMI nació en 1960, fruto de la fusión de la Caja de Crédito Minero (CACREMI) y la Fundición Nacional de. Paipote Ltda.” (FUNAPAI), con el mandato legal del DFL 153. En sus inicios su misión fue apoyar la minería pequeña y mediana, facilitar acceso a financiamiento, servicios técnicos y comercialización, y actuar como puente entre el Estado y los productores mineros que no podían competir en igualdad de condiciones con las grandes empresas. Como participante de ese proceso, recuerdo que la intención era crear una institución técnica, cercana y orientada al desarrollo territorial.
En sus primeros años la ENAMI cumplió tres roles centrales:
- Asistencia técnica: capacitación, ensayos metalúrgicos y transferencia de buenas prácticas.
- Servicios de beneficio y comercialización: plantas de beneficio y canales para vender concentrados a mejores precios.
- Financiamiento y garantías: líneas de crédito y avales para proyectos de pequeña escala.
Estos roles se ejercieron con una lógica de función pública: priorizar la sostenibilidad de las faenas menores, proteger empleos locales y mejorar la formalización.

Ampliación de la labor a minerales críticos
La realidad minera actual exige que la ENAMI no se limite a los minerales tradicionales. Debe incorporar una estrategia para minerales críticos que son clave para la transición energética y las cadenas tecnológicas. En el cuadro 1, una síntesis de minerales relevantes y su potencial vínculo con la ENAMI
Propuesta de reorientación funcional
Para recuperar su rol fundacional y asumir la nueva agenda de minerales críticos propongo una reorientación en cinco líneas concretas:
- Restablecer la prioridad de fomento: volver a poner a la pequeña y mediana minería en el centro de las decisiones, con metas claras de formalización y desarrollo local.
- Reforzar la asistencia técnica: recuperar y modernizar los servicios de extensión, laboratorios y capacitación, con equipos móviles y alianzas universitarias.
- Separar funciones comerciales de funciones públicas: crear unidades con mandatos distintos para evitar que la búsqueda de rentabilidad comprometa programas de fomento y políticas públicas.
- Transparencia y gobernanza territorial: incorporar mecanismos de participación local y rendición de cuentas que aseguren que las decisiones respondan a las necesidades de las comunidades.
- Financiamiento orientado a impacto y diversificación mineral: diseñar líneas de crédito y garantías con criterios de sostenibilidad ambiental y social, y productos financieros específicos para proyectos de litio, tierras raras y otros minerales críticos.
Estas medidas requieren voluntad política, recursos y un plan de implementación por etapas, pero son factibles y coherentes con el espíritu del DFL 153.
La ENAMI fue concebida para ser una herramienta del Estado al servicio de la minería menor y del desarrollo regional. Desde mi experiencia en su creación, puedo afirmar que recuperar esa vocación es posible y urgente. Propongo que se abra un proceso público de diagnóstico y reforma, con participación de trabajadores, pequeños mineros, expertos técnicos y autoridades, para devolver a la ENAMI su capacidad de transformar realidades locales y asumir el desafío de los minerales críticos. Si queremos una minería más inclusiva, sostenible y estratégica para el país, la ENAMI debe volver a ser la institución que, en 1960, imaginamos: técnica, cercana y comprometida con el desarrollo nacional.




