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Agua de mar representará el 67,6% del consumo total de agua de la minería del cobre al 2034
- El estudio “Proyección de la Demanda de Agua en la Minería del Cobre 2025-2034”, elaborado por Cochilco, anticipa un cambio estructural en el abastecimiento hídrico del sector: mientras el consumo total crecerá de forma moderada, el agua de mar desplazará progresivamente a las fuentes continentales. La transición reducirá presión sobre cuencas del norte, pero exigirá más infraestructura, energía, coordinación y resiliencia operacional.
En la próxima década, la minería chilena del cobre no solo deberá asegurar más agua para sostener su producción: tendrá que transformar la manera en que obtiene, transporta y administra ese recurso. La proyección de Cochilco muestra que el consumo hídrico del sector aumentará desde 18,5 metros cúbicos por segundo (m³/s) en 2024 hasta 20,6 m³/s en 2034, una expansión promedio cercana al 1,2% anual. Sin embargo, la cifra que define el período es otra: al término del horizonte analizado, más de dos tercios del suministro provendrán del mar.
UNA DEMANDA MAYOR, PERO CON TRAYECTORIA FLUCTUANTE
El incremento previsto responde al crecimiento de la producción de cobre fino, la expansión de operaciones existentes y la incorporación gradual de nuevos proyectos. La trayectoria, no obstante, no será lineal: Cochilco proyecta un aumento entre 2025 y 2027, una disminución transitoria entre 2028 y 2030 y una nueva fase de crecimiento desde 2031. Esa secuencia refleja el calendario de entrada y salida de iniciativas, sus condiciones de materialización y los cambios en la cartera productiva.
Por eso, el dato decisivo del informe no es el aumento agregado de 2,1 m³/s en diez años, sino la recomposición de las fuentes. La demanda futura se moverá desde una matriz todavía dominada por agua continental hacia otra sostenida principalmente por agua de mar, en respuesta a la escasez estructural que afecta a las zonas donde se concentra la gran minería.
EL MAR PASA AL CENTRO DE LA MATRIZ HÍDRICA
La participación del agua de mar subirá desde 40,7% del consumo total en 2024 hasta 67,6% en 2034. En términos de caudal, su demanda crecerá de 7,5 m³/s a 13,9 m³/s, un alza de 85,3%, impulsada sobre todo por el uso de agua desalinizada. En sentido contrario, el agua continental bajará de 10,9 m³/s a 6,7 m³/s, una reducción cercana al 38,9%.
La sustitución aparece como la principal estrategia de adaptación del sector. Su objetivo es disminuir la presión sobre acuíferos y cursos continentales, especialmente en Tarapacá, Antofagasta y Atacama, donde coinciden la mayor actividad cuprífera y una disponibilidad hídrica limitada. El informe contempla, por ejemplo, una caída de 62,4% en el uso de agua continental en Tarapacá hacia 2034. Esa transición también busca reducir la competencia con la agricultura, las comunidades y otros usuarios de cuencas sometidas a estrés.
2026 Y 2027: EL BIENIO CRÍTICO DE LA INFRAESTRUCTURA
La mayor expansión de plantas desalinizadoras y sistemas de impulsión se concentrará en 2026 y 2027, cuando está prevista la entrada de nuevos proyectos y ampliaciones. Entre las iniciativas mencionadas en el resumen figuran C20+ de Collahuasi, la planta desalinizadora de Codelco Distrito Norte y Aguas Pacífico para Los Bronces. El cumplimiento de sus calendarios será determinante: retrasos constructivos, sobrecostos, problemas de conexión energética o dificultades de puesta en marcha podrían convertirse en cuellos de botella para las faenas asociadas.
La nueva matriz hará depender una parte creciente de la producción de instalaciones costeras, ductos de gran longitud, estaciones de bombeo y redes eléctricas. Esa concentración convierte el abastecimiento hídrico en infraestructura crítica. El antecedente señalado sobre una huelga en la desalinizadora de Mantoverde en 2024 ilustra cómo una contingencia externa puede afectar la continuidad del suministro de una operación minera. Frente a ese riesgo, el desafío será diseñar redundancias, diversificar fuentes, reforzar el mantenimiento y disponer de planes de contingencia.
DESALAR NO BASTA: ENERGÍA, ALTITUD Y TERRITORIO
Llevar agua desde la costa hasta yacimientos ubicados a cientos de kilómetros y a gran altura exige sistemas técnicamente complejos e intensivos en energía. La desalación y, sobre todo, la impulsión elevan los costos operacionales y vinculan la seguridad hídrica con la disponibilidad eléctrica. Además, trazados, captaciones, descargas y obras costeras deben responder a exigencias ambientales y a la relación con los territorios donde se emplazan.
La solución tampoco es igualmente accesible en todo el país. En regiones más alejadas del litoral o con faenas interiores, como O’Higgins y la Metropolitana, reemplazar agua continental por agua de mar puede ser más difícil y costoso. La expansión del nuevo modelo hídrico requerirá, por tanto, soluciones energéticas y de transporte adaptadas a cada territorio, junto con una evaluación rigurosa de sus externalidades.
LA CONCENTRACIÓN EXPLICA EL GRUESO DEL CONSUMO
Hacia 2034, la concentración representará cerca de 78% del consumo total de agua y será abastecida mayoritariamente con agua de mar. El peso de este proceso aumentará conforme la producción migre hacia minerales sulfurados. En contraste, la hidrometalurgia aportará alrededor de 5,4% de la demanda, con una tendencia decreciente, mientras que fundición y refinería utilizarán aproximadamente 0,4 m³/s y aumentarán gradualmente su proporción de agua marina.
EFICIENCIA Y RECIRCULACIÓN: AVANCES SIN UNA RUPTURA TECNOLÓGICA

El giro hacia el mar no elimina la obligación de usar mejor cada metro cúbico. La tasa de recirculación promedió 73% entre 2014 y 2024, y el informe no anticipa una disrupción tecnológica capaz de reducir bruscamente la intensidad hídrica. Los progresos seguirán dependiendo de mejoras graduales en recirculación, control de pérdidas, optimización de procesos y gestión operacional.
Cochilco analiza la demanda en escenarios base, probable, posible y potencial, además de distinguir proyectos en operación, ejecución y prefactibilidad. Las faenas existentes reducirán su dependencia de fuentes continentales, mientras los proyectos nuevos concentrarán el crecimiento del uso marino. En etapas de desarrollo también aparecerán esquemas híbridos, que combinarán agua de mar y continental según disponibilidad, permisos, costos y avance de las obras.
INFRAESTRUCTURA MULTIPROPÓSITO Y COLABORACIÓN TERRITORIAL
La magnitud de las inversiones abre espacio para instalaciones multipropósito y asociaciones público-privadas. Bajo este enfoque, la minería puede actuar como cliente ancla, mientras parte de la capacidad abastece a la industria, la agricultura o las comunidades. Iniciativas como Huasco Water, vinculada a Costa Fuego, y Vizcachitas aparecen en el resumen como ejemplos de una planificación que busca distribuir riesgos, aprovechar economías de escala y generar beneficios más amplios en territorios con escasez.
EL DESAFÍO: SEGURIDAD HÍDRICA CON LEGITIMIDAD Y RESILIENCIA
La proyección hasta 2034 muestra una minería menos dependiente del agua continental, pero más expuesta a sistemas costosos, interconectados y sensibles a contingencias. El reto no consiste únicamente en construir desalinizadoras: implica asegurar energía, ejecutar proyectos a tiempo, proteger ecosistemas, coordinarse con los territorios y evitar que una falla puntual interrumpa cadenas productivas completas.
Con este estudio, Cochilco entrega una base técnica y prospectiva para decisiones públicas y privadas. Sus cifras describen una transición ya en marcha y, al mismo tiempo, advierten que la seguridad hídrica de la minería dependerá de combinar inversión, eficiencia, diversificación, redundancia y colaboración. En esa ecuación se jugará buena parte de la sostenibilidad del principal sector exportador del país durante la próxima década.




