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Joaquín Villarino: Chile tiene los minerales que el mundo necesita, pero debe acelerar para capturar la oportunidad

  • Durante el Mining Summit 2025, el presidente ejecutivo del Consejo Minero realizó una radiografía de la gran minería chilena y destacó las ventajas que ha construido el país en agua, energía, proveedores, diversidad y automatización. Sin embargo, advirtió que los extensos plazos de permisos, la escasez futura de talento y la brecha entre adquirir tecnología y utilizarla efectivamente amenazan la capacidad de Chile para responder al aumento mundial de la demanda por minerales críticos.

Joaquín Villarino sostuvo que la ventaja competitiva de Chile no descansa únicamente en la riqueza de sus yacimientos. Durante décadas, la industria ha desarrollado capacidades que hoy constituyen una plataforma sobre la cual puede construirse una minería de nueva generación.

La minería chilena enfrenta una oportunidad excepcional. La transición energética, la electromovilidad, la expansión de los centros de datos y el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial están incrementando los requerimientos mundiales de minerales, particularmente cobre y litio. Chile posee ambos recursos, pero disponer de ellos ya no es suficiente.

Ese fue uno de los principales mensajes entregados por Joaquín Villarino, presidente ejecutivo del Consejo Minero, organización gremial que representa a las principales empresas de la gran minería que operan en el país, durante su intervención en el Mining Summit 2026, realizado en Santiago.

El encuentro, organizado por Honeywell Technologies y AmCham Chile, con el auspicio de Microsoft, se desarrolló bajo el lema “Potenciando la minería a través de la IA y soluciones autónomas” y reunió a representantes de la industria para analizar los desafíos que enfrenta el sector y las tecnologías que están impulsando su transformación.

Automatización, inteligencia artificial, digitalización, nuevas competencias laborales y regulación estuvieron en el centro de una discusión que, inevitablemente, terminó abordando una pregunta mayor: ¿está Chile preparado para aprovechar el nuevo ciclo de demanda mundial por minerales?

UNA POSICIÓN QUE VA MÁS ALLÁ DE LA GEOLOGÍA

Villarino sostuvo que la ventaja competitiva de Chile no descansa únicamente en la riqueza de sus yacimientos. Durante décadas, la industria ha desarrollado capacidades que hoy constituyen una plataforma sobre la cual puede construirse una minería de nueva generación.

Una de ellas es el agua. De acuerdo con las cifras presentadas, cerca de 34% del agua utilizada actualmente por la minería proviene del mar o de fuentes desaladas, mientras alrededor de 71% del recurso hídrico es recirculado.

La transformación también es visible en materia energética. Aproximadamente 78% a 80% de la electricidad utilizada por la minería provendría actualmente de fuentes limpias, porcentaje que podría acercarse al 98% o incluso 100% hacia 2030.

Joaquín Villarino durante su intervención en el Mining Summit 2026, realizado en Santiago.

A ello se suma un ecosistema compuesto por más de 8.400 empresas proveedoras, de las cuales más de 7.000 son de origen chileno. Las exportaciones asociadas a proveedores alcanzarían unos US$1.200 millones, reflejando una capacidad que abre otra oportunidad: que Chile no solo exporte minerales, sino también conocimiento, ingeniería, tecnología y soluciones desarrolladas para una de las minerías más exigentes del mundo.

Sin embargo, todavía existe una importante concentración. De las más de 8.400 empresas proveedoras identificadas, unas 639 exportan servicios y solo 42 concentrarían cerca del 81% del valor exportado.

El desafío, por tanto, es escalar. Y la expansión minera que se proyecta en otros países de la región podría convertirse en un mercado natural para las soluciones desarrolladas en Chile.

MÁS MUJERES, PERO TAMBIÉN UNA CARRERA CONTRA EL TIEMPO

Otro cambio relevante se observa en la composición de la fuerza laboral. La participación femenina en minería se sitúa actualmente en torno al 24%, muy por encima del aproximadamente 7% registrado hace una década. Para Villarino, este avance no responde únicamente a una discusión de diversidad: está directamente relacionado con la capacidad futura de la industria para disponer del talento que necesitará.

Las estimaciones presentadas durante el encuentro indican que la minería requerirá más de 37.000 nuevos trabajadores hacia 2034, tanto por el crecimiento de las operaciones como por el retiro y jubilación de trabajadores experimentados.

La señal generacional también preocupa. Actualmente, las personas de entre 18 y 29 años representarían solo 6,9% de los trabajadores de la gran minería, frente al 10,3% registrado en 2014, mientras la edad promedio de quienes se desempeñan en el sector se ubicaría entre los 43 y 47 años.

Existe además una brecha en la incorporación de mujeres que se forman en carreras vinculadas a la actividad. Mientras alrededor de 80% de los hombres que estudian especialidades relacionadas con minería terminarían incorporándose al sector, entre las mujeres esa proporción sería cercana al 40%.

La dimensión del desafío se amplía al considerar que tres de cada cuatro trabajadores de la minería se desempeñan en empresas proveedoras, y no directamente en las grandes compañías.

138 MESES: EL COSTO DEL TIEMPO

Pero si Chile necesita producir más minerales para responder a una demanda internacional creciente, uno de los principales obstáculos continúa estando en los tiempos necesarios para desarrollar nuevos proyectos.

Villarino puso sobre la mesa una cifra particularmente elocuente: 138 meses como plazo promedio para la aprobación de proyectos. ¡Más de once años!

El presidente ejecutivo del Consejo Minero sostuvo que existe una creciente convergencia respecto de la necesidad de reformar el sistema de permisos, señalando que los actuales tiempos de tramitación resultan difíciles de compatibilizar con la velocidad con que está evolucionando la demanda internacional. Porque mientras los proyectos esperan, el mundo continúa avanzando.

La electrificación del transporte, las energías renovables, las redes eléctricas y ahora el crecimiento explosivo de los centros de datos, asociados al desarrollo de la inteligencia artificial, requieren cantidades crecientes de cobre y otros minerales. Esa necesidad abre una ventana para Chile, pero esa ventana no permanecerá abierta indefinidamente.

LA TECNOLOGÍA ESTÁ COMPRADA. AHORA HAY QUE ENCENDERLA

Probablemente, uno de los diagnósticos más provocadores de Villarino estuvo relacionado con la transformación tecnológica de las operaciones. El problema de la minería chilena planteó, ya no radica necesariamente en la capacidad de comprar tecnología, sino en utilizarla y escalarla adecuadamente.

Las grandes compañías cuentan con recursos, infraestructura y acceso a soluciones de automatización, analítica avanzada e inteligencia artificial. La brecha aparece cuando esas herramientas deben pasar desde un proyecto piloto a formar parte efectiva de la operación. Según los antecedentes expuestos, menos del 10% de los sistemas de control avanzado instalados estarían efectivamente activos.

La situación se replica en inteligencia artificial. Un índice de madurez aplicado a 257 proveedores mineros chilenos alcanzó 43 puntos sobre 100. Cerca de 20% habría avanzado hasta la etapa de pilotos, pero apenas 5% habría conseguido llevar esas soluciones a producción.

Villarino apuntó así hacia una barrera menos tecnológica que humana y organizacional. Existe resistencia, sostuvo, a intervenir procesos que funcionan, dificultades para escalar experiencias exitosas, tecnologías adquiridas que permanecen subutilizadas y una participación todavía insuficiente de los niveles superiores de las organizaciones.

En este escenario, la capacitación en inteligencia artificial ya no puede quedar restringida a las áreas tecnológicas. Directorios y altas gerencias también deberán comprender sus alcances para tomar decisiones sobre una transformación que tendrá consecuencias operacionales, productivas y laborales.

“La tecnología está ahí disponible. Como les decía, nosotros ya compramos la tecnología, pero muchas veces lo que hace falta es encenderla”, sintetizó Villarino.

SEGURIDAD, AUTONOMÍA Y LOS DESAFÍOS PENDIENTES

La incorporación tecnológica tiene además una dimensión que trasciende la productividad. Lo destacó al inicio de su intervención, cuando Villarino abordó los accidentes fatales registrados en la industria y recordó que la automatización y las operaciones autónomas pueden reducir la exposición de las personas a ambientes de mayor riesgo.

Chile ya cuenta con experiencia en flotas autónomas certificadas, convirtiendo a la seguridad en uno de los argumentos centrales para acelerar esta transición. Persisten, sin embargo, desafíos ambientales relevantes, sostuvo el presidente del Consejo Minero.

Mientras la electricidad utilizada por las operaciones avanza rápidamente hacia fuentes renovables, el diésel empleado por los equipos móviles continúa siendo una fuente significativa de emisiones directas y uno de los ámbitos en que la industria todavía debe encontrar soluciones competitivas a gran escala.

A ello se agregan los relaves. En Chile existen 828 depósitos catalogados, históricamente considerados un pasivo ambiental, pero que las nuevas tecnologías podrían transformar progresivamente en activos mediante recuperación de minerales, reprocesamiento y nuevas formas de gestión.

DE PRODUCTOR DE MINERALES A PROVEEDOR DE SOLUCIONES

La radiografía presentada por Villarino dejó así dos imágenes simultáneas de la minería chilena.

Una industria que ha avanzado en energías limpias, desalinización, recirculación de agua, automatización, incorporación femenina y desarrollo de proveedores; y, al mismo tiempo, un sector enfrentado a extensos procesos de permisos, envejecimiento de su fuerza laboral, desafíos ambientales y dificultades para convertir la innovación tecnológica en resultados operacionales a escala.

En medio de ambas realidades aparece la oportunidad: La inteligencia artificial necesita infraestructura. La infraestructura necesita energía. La electrificación necesita redes. Y todas ellas necesitan minerales.

Chile dispone de una parte importante de esos recursos y, después de décadas desarrollando minería a gran escala, también posee conocimiento, proveedores y experiencia operacional.

El desafío que dejó planteado el Mining Summit 2026 es que esa ventaja debe transformarse en capacidad de ejecución.

Porque en el nuevo escenario mundial, tener los minerales será fundamental, pero saber producirlos de manera segura, sostenible, competitiva y tecnológicamente avanzada será lo que determine quién captura realmente su valor. (Por Silvia Riquelme Aravena).

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