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Más inversión para recuperar el liderazgo del cobre chileno

  • Por Álvaro Merino Lacoste, director ejecutivo de Núcleo Minero, especial para Guía Minera.//

Álvaro Merino Lacoste, director ejecutivo de Núcleo Minero

De acuerdo con los antecedentes del Banco Central, el Imacec de agosto disminuyó 1%, resultado que se explica fundamentalmente por la caída de 17,4% de la minería, sector que restó 10,7 puntos al indicador mensual.

Las cifras sectoriales confirman la magnitud del retroceso. En agosto, el índice de producción minera cayó 11,7%, debido a una disminución de 16,9% en los minerales metálicos, parcialmente compensada por un aumento de 22,3% en los no metálicos. La producción de cobre bajó 12,8%, equivalente a 54 mil toneladas menos; la de molibdeno retrocedió 31,1%; la de oro, 28,7%; y la de plata, 21,2%. El avance de los minerales no metálicos respondió principalmente a una mayor producción de carbonato de litio.

El balance acumulado tampoco es favorable para el principal producto minero y de exportación del país. Entre enero y agosto de 2026, la producción de cobre disminuyó 7,8% respecto de igual periodo del año anterior, es decir, 277 mil toneladas menos. La de molibdeno cayó 13,9%, equivalente a 3.950 toneladas. En contraste, la producción de oro aumentó 17,7%, con 4.900 kilogramos adicionales, y la de plata creció 8,6%, esto es, 69 mil kilogramos más.

La menor producción de cobre obedece a una combinación de factores: la reducción de las leyes del mineral, problemas operativos y mantenciones en algunas faenas, además de los efectos de los temporales registrados en la zona norte, especialmente durante agosto. En los ocho primeros meses del año, estas condiciones contribuyeron a que la economía retrocediera 0,5%, mientras la minería cayó 6,5% y el resto de los sectores productivos y de servicios creció 0,5%.

La disminución de las leyes es un fenómeno estructural asociado a la madurez de los yacimientos en explotación. A ello se suma que, cuando el precio del cobre aumenta, se vuelve económicamente viable procesar mineral de menor ley, lo que también permite cuidar las reservas y extender la vida útil de las faenas. Sin embargo, si se extrae la misma cantidad de mineral, una menor ley se traduce necesariamente en menos cobre producido.

La comparación histórica ilustra el desafío. En 2004, la ley promedio del cobre era de 1,09%; en 2025 llegó a 0,58%, prácticamente la mitad. Para obtener la misma cantidad de cobre hoy es necesario extraer y procesar más mineral, a mayores distancias y profundidades, y en rocas de mayor dureza. Todo ello exige más recursos y eleva los costos.

El año pasado, la producción de cobre alcanzó 5.390.000 toneladas, por debajo de las 5.412.000 toneladas obtenidas en 2004. Para este año se proyectan 5,15 millones de toneladas, el nivel más bajo desde 2003. No obstante, estimo que esta tendencia comenzará a revertirse el próximo año, con una producción cercana a 5,5 millones de toneladas, para luego aumentar paulatinamente en los años siguientes.

Los datos muestran con claridad que la producción de cobre ha perdido dinamismo durante más de dos décadas, pese al enorme esfuerzo de inversión realizado: US$ 234 mil millones entre 2006 y 2025. Ese monto no ha sido suficiente para elevar la producción. Y como la actividad que observamos hoy responde a inversiones efectuadas en el pasado, la conclusión es directa: para aumentar la producción futura debemos invertir ahora.

La inversión minera requiere dos condiciones básicas: certeza jurídica y estabilidad regulatoria. Se trata de proyectos de largo plazo que comprometen cuantiosos recursos. Las nuevas normativas aprobadas recientemente, en particular la megarreforma económica, avanzan en la dirección correcta. Sin embargo, aún es necesario perfeccionar la institucionalidad, reducir los tiempos de tramitación de permisos y entregar mayor certeza al proceso. En especial, se debe destrabar la maraña burocrática de la regulación ambiental, sin disminuir los estándares de protección.

La minería no sólo ha sido un motor fundamental del desarrollo económico y social de Chile; también es nuestra industria más competitiva a nivel internacional y una de las que ofrece mayores posibilidades de crecimiento en el mediano plazo. Su aporte será decisivo para la electrificación, las energías limpias y la infraestructura digital. Por eso, debemos resguardar y fortalecer las condiciones que permitan su desarrollo.

El principal desafío de la minería chilena es elevar la producción para aprovechar la mayor demanda y los mejores precios esperados. Lograrlo exige convertir hoy la certeza, la agilidad regulatoria y la inversión en la producción que el país necesitará mañana.

 

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