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Hay que meterle inteligencia a las piedras. Especialmente, artificial
- Por Gastón Fernández Montero, abogado, académico y divulgador en minería e historia científica chilena.

La frase puede sonar provocadora, incluso irreverente. Pero es, ante todo, una consigna urgente. En un país como Chile, que ha vivido de la minería durante siglos, seguir extrayendo sin transformar, exportando sin pensar, y repitiendo sin innovar, es una forma de suicidio económico, ambiental y cultural.
Chile no puede seguir siendo solo el país de las piedras. Debe ser el país que les mete inteligencia. Y no cualquier inteligencia: inteligencia científica, tecnológica, ética y, sí, también artificial.
De la extracción a la transformación
Durante décadas, el modelo extractivista fue el motor de nuestra economía. Pero, ese motor se agotó. No porque se acaben los minerales, sino porque el mundo cambió. Hoy, el valor no está en el recurso, sino en el conocimiento que lo transforma. El litio no vale por ser litio, sino por lo que permite hacer con él: baterías, almacenamiento, transición energética. El cobre no vale por su peso, sino por su rol en la electrificación del planeta.
Inteligencia artificial: más que eficiencia
Meterle inteligencia artificial a las piedras no es solo automatizar procesos o reducir costos. Es repensar la minería desde su base: desde la exploración con modelos predictivos, hasta la trazabilidad de cada gramo extraído. Es anticipar fallas, optimizar recursos hídricos, reducir emisiones, y diseñar cadenas de valor que integren ciencia, industria y sociedad.
Pero, también es meterle inteligencia ética: ¿para qué y para quién extraemos? ¿Cómo aseguramos que el valor generado se quede en los territorios? ¿Cómo evitamos repetir los errores del pasado?
Una nueva narrativa para una nueva minería
Necesitamos una narrativa que inspire. Que convoque a jóvenes científicos, ingenieros, diseñadores, filósofos. Que transforme la imagen de la minería desde lo sucio y destructivo, hacia lo sofisticado, justo y regenerativo. Una minería que no solo saque piedras, sino que piense con ellas.
Por eso, esta frase —nacida en una conversación entre ciencia, historia y futuro— no es un eslogan vacío. Es una hoja de ruta. Un llamado a la acción. Una provocación necesaria.
Porque, si no le metemos inteligencia a las piedras, otros lo harán por nosotros. Y seguiremos siendo espectadores de nuestro propio potencial.
Es hora de cambiar eso. Es hora de pensar distinto. Es hora de meterle inteligencia a las piedras.




