Columna de Opinión

Industria 4.0: oportunidad para reinventarnos

Por Juan Carlos Martínez, ex presidente Asimet

Por
Juan Carlos Martínez

ex presidente Asimet

Former Ppresident Asimet

Nuevamente el precio del cobre nos produce sobresaltos. Nuestra dependencia de este metal todavía es alta, y cualquier centavo de diferencia positiva o negativa en el precio que se fija en Londres significa varios miles de dólares a favor o en contra. Necesitamos diversificar nuestra oferta exportadora; esta ha sido una recomendación constante de todos los economistas, nacionales y extranjeros, que han expuesto en el Foro de la Industria que organiza anualmente ASIMET.

Chile ya tiene madurez y una experiencia de más de 40 años compitiendo a nivel global, y prácticamente no tenemos aranceles que protejan a la industria nacional. Eso ya es historia y no volverá. Hemos sido exitosos exportando nuestros productos agrícolas, forestales y salmones, debido a que se ha aplicado alta tecnología en los procesos de producción, embalaje, transporte y marketing. Ello, además de un esfuerzo público privado tanto en la promoción de inversión como también comercial a nivel internacional, protecciones contra plagas a través del S.A.G. etc.

Sin embargo, nos hemos quedado atrás en lo que se refiere a la manufactura nacional, y en nuestro sector metal-mecánico es especialmente preocupante porque tenemos situaciones de quebranto o cierre de plantas lo que ha llevado a varios industriales manufactureros a volcarse al negocio importador con el fin de continuar atendiendo a sus clientes, pues no pueden competir con el producto foráneo.

No hemos sido exitosos en reinventarnos y modernizar nuestros procesos en busca de mayor productividad para competir con éxito con el producto importado, y además de la falta de incentivos y oportunidades, hay poco interés en invertir en manufactura. Lo revela las últimas cifras entregadas por la Corporación de Bienes de Capital: “El sector industrial representa en los últimos 25 años solo el 6,6% de los proyectos de inversión privada en Chile”.

Si queremos una economía vigorosa necesitamos un comercio internacional competitivo. La manufactura es la facilitadora clave del sector transable; nos puede permitir independizarnos del precio del cobre, y por ello no es intrascendente que nuestra sociedad renuncie o sea indiferente a su desarrollo.

La manufactura en el mundo ha sido la principal motivadora de la innovación técnica y, a su vez, la innovación técnica y creativa ha sido la mayor fuente de crecimiento económico en las sociedades modernas, ya que otorga verdaderas oportunidades a aquellos que se capacitan técnicamente para obtener empleos de calidad, produciendo así efectos económicos multiplicadores en bienestar nacional.

En junio nos enteramos de una muy mala noticia para nuestro país, la planta Maersk Container Industry de San Antonio (MCIS) se cierra irrevocablemente. Una inversión de US$ 250 millones y una contratación de 1.200 trabajadores, un privilegio de proyecto metal-mecánico para el país, se pierde por no ser capaces de competir con otras plantas en Asia, debido a que el contenido nacional era de solo un 10% y tener que importar el resto presentaba bastantes problemas logísticos. Chile actualmente no cuenta con producción propia de planchas de acero y tampoco tubos o barras de cobre, estos productos deben ser importados.

La manufactura nacional no puede seguir haciendo más de lo mismo, tenemos que estar al día respecto de las nuevas tecnologías y aplicarlas. La manufactura avanzada y el acceso a la industria 4.0 es la respuesta y la oportunidad que se nos ofrece para poder ser más competitivos a nivel mundial.

Necesitamos políticas de Estado que desplieguen incentivos y oportunidades para invertir en manufactura avanzada. Se hace necesario un esfuerzo público privado de carácter permanente, independiente de los ciclos políticos de 4 años, y que piense en el Chile industrial manufacturero que queremos ser de aquí a 15 o 20 años, y que proponga políticas públicas que permitan llegar a esta meta.

La decisión de Maersk constituye una seria advertencia para que cambiemos el rumbo y nos pongamos de acuerdo en cómo competir exitosamente con la manufactura nacional.

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