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La geología entra en la era del dato

  • Por Eduardo Casas Atala, Geólogo, Gerente Técnico en Dataverso. //

Eduardo Casas Atala, Geólogo, Gerente Técnico en Dataverso

Durante décadas, la geología fue un oficio donde convivían la ciencia y la intuición. El geólogo recorría kilómetros de terreno con una libreta, una lupa, una brújula y un arsenal de lápices de colores, observando las características de la roca y tomando decisiones apoyado en años de experiencia. Esa combinación de conocimiento y «guata” marcaba la diferencia entre una buena interpretación y una equivocada.

Hoy la geología vive una de las transformaciones tecnológicas más importantes de su historia. La información ya no está únicamente en la libreta del geólogo. Está en plataformas en la nube, sensores distribuidos en terreno, imágenes de alta resolución, modelos tridimensionales, algoritmos de inteligencia artificial y entornos de realidad virtual que permiten recorrer un macizo rocoso desde una oficina ubicada a cientos de kilómetros de la faena.

La industria minera ha comenzado a comprender que su activo más valioso es la información que da soporte al proceso minero y que permite tomar decisiones. Y esa información nace en el dato geológico.

Pero, si el origen de la información presenta errores, omisiones, desviaciones o interpretaciones incorrectas, el problema no queda acotado a una etapa específica, sino que se propaga y amplifica en toda la cadena de valor, generando un efecto acumulativo.

Cada decisión depende de la calidad de ese dato inicial -desde el diseño de una tronadura hasta la estabilidad de un talud, la planificación minera o la estimación de recursos- de modo que un pequeño desvío inicial puede desencadenar un efecto látigo que comprometa la planificación, la ejecución y la seguridad de toda la operación. Un dato poco confiable puede traducirse en decisiones equivocadas, desviaciones en el diseño y la planificación, mayores costos, pérdida de productividad e, incluso, consecuencias críticas para la operación, como la inestabilidad o el colapso de un talud, con el consiguiente riesgo para las personas y los activos.

Por eso, más que la generación de datos, lo importante es asegurar que éstos sean confiables.

La tecnología ha multiplicado exponencialmente nuestra capacidad para capturar información. Hoy es posible procesar miles de fotografías de sondajes mediante IA, generar modelos tridimensionales casi en tiempo real o integrar información proveniente de múltiples sensores. Sin embargo, la tecnología, por sí sola, no garantiza calidad. Un algoritmo puede clasificar imágenes con una velocidad imposible para un ser humano, pero si fue entrenado con información incompleta, si los criterios definidos no son adecuados, si los datos originales contienen sesgos o si no existe una validación técnica adecuada, el resultado también puede estar equivocado. Y cuando ese error alimenta otros procesos automatizados, el impacto se amplifica.

La IA no reemplaza la necesidad de construir una base sólida de información. La potencia de cualquier herramienta depende de la calidad de los datos que recibe. Si el dato de entrada es deficiente, el resultado también lo será.

Esto obliga a replantear la idea de que el futuro de la minería dependerá exclusivamente de incorporar más tecnología. El verdadero desafío es asegurar la gobernanza del dato, conocer su origen, entender cómo fue capturado, verificar su calidad, trazabilidad y consistencia antes de convertirlo en información para la toma de decisiones.

La experiencia del geólogo sigue siendo indispensable. No para competir con la IA, sino para interpretarla, validarla y contextualizarla. La intuición no desaparece; evoluciona hacia un rol distinto. La tecnología amplía nuestras capacidades, pero no reemplaza el juicio técnico. La creatividad, la capacidad de formular hipótesis, de cuestionar resultados inesperados y de reconocer cuándo un dato «no hace sentido» continúan siendo competencias profundamente humanas.

La geología está entrando en la era del dato. Pero esa transformación no consiste simplemente en digitalizar procesos o incorporar inteligencia artificial, sino en entender que el dato es hoy el principal activo estratégico de la minería y que su verdadero valor depende, más que nunca, de la rigurosidad con que es obtenido, gestionado e interpretado.

  • Sobre el autor: Eduardo Casas es geólogo de la U. de Chile, con 21 años de experiencia en geología y geotecnia aplicada a la minería. Actualmente, se desempeña como Gerente Técnico en Dataverso, donde lidera el desarrollo e implementación de soluciones de realidad virtual inmersiva para optimizar la toma de decisiones en operaciones mineras. Anteriormente, ocupó diversos cargos de liderazgo en Geoblast, además de desempeñarse como geólogo geotécnico senior en ITASCA Chile, Minera Antucoya, Mecánica de Rocas y en diversas consultoras, así como en proyectos de alto impacto para la industria minera.

 

 

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