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Minería 2026: ¿Por qué la logística es la nueva frontera de la rentabilidad?

  • Por Mario Yáñez, gerente general de GPS Chile. //

Mario Yáñez, gerente general de GPS Chile

Chile construyó su liderazgo mundial en cobre sobre talento, ingeniería y operaciones de alto estándar. Hoy, ese liderazgo enfrenta una paradoja compleja: seguimos siendo relevantes, pero producimos con los costos estructurales más altos de América, según el informe “Costos de inversión de proyectos de extracción y procesamiento de minerales” de Cochilco.

Más inversión por tonelada procesada, mano de obra escasa y costosa, energía más cara de la región, yacimientos más profundos y faenas cada vez más remotas. Es necesario hacer más con lo mismo —o incluso con menos—, sin comprometer seguridad ni continuidad operacional.

En este escenario, la pregunta para 2026 no es si habrá inversión, sino, bajo qué condiciones será viable. Cuando la intensidad de capital aumenta y los márgenes se estrechan, cualquier desviación pesa más: un atraso, una detención no planificada, un desvío logístico, un accidente o un conflicto en ruta pueden impactar directamente el costo C1 y, con ello, la rentabilidad del negocio.

Chile difícilmente competirá por ser el productor más barato. Pero sí puede ganar por eficiencia operacional. Ahí es donde el transporte y la logística dejan de ser un servicio de apoyo y pasan a convertirse en una palanca estratégica. En ellos se concentran muchos de los dolores del modelo actual: operaciones remotas, terrenos exigentes, altos costos de equipos, mayor presión por mover personas, insumos y material de forma segura y oportuna.

Sin embargo, en muchas faenas el transporte aún se gestiona de forma reactiva: se corrige cuando algo falla, se explica tras un incidente, se ajusta cuando el sistema se tensiona. Esa lógica ya no es sostenible. Si queremos sostener productividad con costos altos, el transporte debe gestionarse con el mismo rigor que una planta: planificación, control, métricas y capacidad de anticipación.

Optimizar flotas, turnos, rutas y comportamiento de conducción puede generar eficiencias equivalentes —y a veces superiores— a grandes inversiones en infraestructura física, especialmente en proyectos brownfield y reutilización de activos existentes, que son justamente los que se priorizan cuando la exigencia de viabilidad aumenta.

La eficiencia no existe sin personas, y por eso la escasez de mano de obra calificada no se resuelve solo con mejores salarios: exige reducir rotación, elevar la seguridad y disminuir el desgaste en tareas críticas, algo especialmente visible en el transporte minero, donde confluyen jornadas extensas, trabajo en altura, rutas complejas, clima cambiante y presión permanente por cumplir ventanas operativas: En un país donde el capital humano minero es escaso y caro, cada accidente evitable, además de un hecho lamentable, es una disrupción económica profunda.

La minería de 2026 exige una visibilidad total y en tiempo real. Aquí, la tecnología y la información de valor no deben entenderse como un reemplazo del factor humano, sino como el habilitador crítico que reduce errores, anticipa riesgos, disminuye fatiga, mejora hábitos de conducción y eleva el estándar de operación. Con costos elevados, la seguridad deja de ser solo un imperativo ético o regulatorio —que siempre lo es— para convertirse también en una condición económica.

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