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Ordenamiento territorial y la remediación como oportunidad

  • Por José Manuel Bellalta, Gerente General de GB CINCO Ambiental. //

José Manuel Bellalta, Gerente General, GB CINCO Ambiental.

Chile está ante una encrucijada que puede definir su futuro urbano y ambiental. Mientras avanza la Ley Marco de Suelos (Boletín 14714-01) y se agiliza la tramitación de la Ley de Permisos Sectoriales, no basta con normas: necesitamos tecnología local de punta que permita transformar terrenos contaminados en espacios seguros y útiles para la ciudad y la naturaleza.

Con más de 9.000 sitios potencialmente contaminados, el desafío es enorme, pero la respuesta técnica ya existe en nuestro país. La industria nacional ha forjado un sello chileno en remediación capaz de convertir pasivos industriales en activos para el desarrollo urbano y la protección de ecosistemas. Esa capacidad técnica ofrece soluciones concretas frente a crisis como las irregularidades en el cierre de termoeléctricas y otros pasivos ambientales.

La innovación ha cambiado el paradigma del saneamiento. Hoy predominan las tecnologías in situ que atacan la contaminación en su origen. Un ejemplo relevante es la incorporación de sistemas como SVE-KatOx (Extracción de Vapores y Oxidación Catalítica), que permiten extraer y destruir compuestos orgánicos volátiles con alta eficiencia. Aunque el Catalytic Oxidizer (KatOx) tiene amplia aplicación internacional, su uso en proyectos chilenos representa un avance significativo para optimizar tiempos y mejorar la eficiencia operativa en terreno.

Los resultados hablan por sí solos:

  • Optimización de plazos: procesos que antes demoraban décadas hoy se completan entre 6 meses y 4 años.
  • Reducción de masa contaminante: proyectos locales han logrado disminuciones de hasta 94% en 12 meses.
  • Efectividad en terreno: en Ñuble, la concentración de hidrocarburos se redujo a 4,7% de sus valores iniciales.
  • El siguiente paso es la hibridación tecnológica: combinar métodos tradicionales como el Pump & Treat con biosurfactantes, oxidantes químicos, ozono e inoculación de microorganismos especializados. Esta integración no solo mejora la eficacia técnica, sino que hace la recuperación económicamente viable, ampliando las posibilidades de intervención en sitios complejos.

Recuperar suelos no es solo una meta ambiental; es una herramienta para enfrentar problemas sociales urgentes, como el déficit habitacional. Habilitar terrenos con historial industrial —en zonas como Antofagasta, Coronel o Las Salinas en Viña del Mar, donde ya se registra más del 25% de descontaminación en ciertos sectores— demuestra que la tecnología local puede ser la llave para reintegrar espacios seguros al desarrollo urbano sostenible.

Si queremos que la normativa rinda frutos reales, el Estado, la industria y las comunidades deben apostar por la innovación aplicada y por procesos de fiscalización y financiamiento que incentiven la remediación. Solo así convertiremos pasivos ambientales en oportunidades de desarrollo, vivienda y recuperación de ecosistemas.

 

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