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Plan Sectorial de Cambio Climático: una señal estratégica para la Minería Secundaria

  • Por Patricio Cartagena D. Abogado, Presidente del Centro de Arbitraje y Mediación Minero (CAMMIN). //

Patricio Cartagena D. Abogado, Presidente del Centro de Arbitraje y Mediación Minero (CAMMIN).

La reciente aprobación del Plan Sectorial de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático (PSCC) para la Minería (Diario Oficial de 19 de diciembre del 2025) representa uno de los hitos regulatorios más relevantes para el sector minero chileno en los últimos años. Más que un instrumento técnico de cumplimiento, el Plan constituye una señal política y estratégica de largo plazo, que redefine las condiciones bajo las cuales la minería deberá operar, invertir y proyectar su legitimidad social a partir de 2026.

El PSCC instala un estándar exigente pero realista: la competitividad futura de la minería chilena estará crecientemente vinculada a su capacidad de gestionar riesgos climáticos, asegurar continuidad operacional, reducir su huella ambiental y hacerse cargo de su legado histórico. En ese sentido, el Plan no introduce una ruptura con la tradición minera del país, sino que propone una evolución necesaria del modelo productivo, coherente con las nuevas condiciones regulatorias, financieras y territoriales.

La minería sigue siendo estratégica para el desarrollo económico de Chile y para la transición energética global. Sin embargo, su sostenibilidad futura dependerá de cómo incorpore variables que hoy son estructurales: escasez hídrica, eventos climáticos extremos, presión sobre infraestructuras críticas y mayores exigencias en materia ambiental, social y de gobernanza. El valor del PSCC radica precisamente en abordar estos desafíos de manera sectorial, ordenada y prospectiva, evitando respuestas fragmentadas o meramente declarativas.

CAMBIO CLIMÁTICO Y CONTINUIDAD OPERACIONAL

El Plan parte de una premisa que hoy es ampliamente compartida en la industria: el cambio climático ya no es un riesgo hipotético, sino una condición estructural que afecta la operación minera. Sequías prolongadas, precipitaciones intensas concentradas, aluviones y deslizamientos están tensionando activos críticos, cadenas de suministro y relaciones territoriales.

Desde esta perspectiva, la adaptación al cambio climático se vincula directamente con la continuidad operacional y la gestión del riesgo. La estabilidad de depósitos de relaves, la seguridad de las personas, la protección de cursos de agua y la relación con comunidades aledañas dejan de ser variables periféricas y pasan al centro de la estrategia sectorial. El PSCC recoge esta realidad y la traduce en lineamientos regulatorios que buscan fortalecer la resiliencia del sector, incorporando criterios de riesgo climático en la planificación, el diseño y la operación de las faenas.

En paralelo, la mitigación de emisiones se aborda desde una lógica de eficiencia productiva y modernización. Reducir la huella de carbono no se presenta únicamente como una obligación ambiental, sino como una condición para mantener competitividad, acceso a financiamiento y posicionamiento en mercados internacionales cada vez más exigentes en trazabilidad y desempeño ESG.

PASIVOS MINEROS COMO EJE ESTRATÉGICO DE POLÍTICA PÚBLICA

Uno de los aportes más relevantes del Plan es el reconocimiento explícito de los pasivos mineros como un desafío estratégico de país. Chile cuenta con un número significativo de depósitos de relaves abandonados o inactivos, muchos de ellos emplazados en zonas expuestas a riesgos climáticos y cercanas a centros poblados. Históricamente, estos pasivos han sido abordados desde una lógica reactiva, centrada en la contención del riesgo inmediato, sin una visión integral de largo plazo.

El PSCC introduce un cambio de enfoque sustantivo. Los pasivos mineros dejan de ser considerados únicamente como un problema ambiental heredado y pasan a ser entendidos como un componente central de la gestión del riesgo climático, del ordenamiento territorial y de la política minera. Este giro conceptual es clave, pues habilita soluciones más ambiciosas, que combinan remediación, reducción de riesgos y recuperación de valor.

En este marco, la valorización de pasivos mineros emerge como una herramienta estratégica. El reprocesamiento de relaves y residuos permite reducir el volumen y la peligrosidad de depósitos históricos, al mismo tiempo que recuperar minerales contenidos en material ya extraído en ciclos productivos anteriores. Esta aproximación es coherente con los principios de eficiencia de recursos, reducción de impactos y gestión responsable del legado minero.

ECONOMÍA CIRCULAR Y MINERÍA SECUNDARIA

El Plan instala la economía circular como un eje estructural de la minería del futuro. No se trata de una aplicación retórica del concepto, sino de su incorporación en el corazón del modelo productivo. La reducción de residuos, la reutilización de materiales y la valorización de subproductos se conciben como parte del ciclo de vida completo de los proyectos, desde su diseño hasta el cierre.

En este contexto, la minería secundaria se posiciona como una extensión natural de la minería tradicional. Al aprovechar stocks de material ya extraído y procesado, se reduce la presión sobre nuevos yacimientos, se disminuye la demanda energética asociada a la minería primaria y se mitiga la generación de nuevos residuos. Al mismo tiempo, se avanza en la gestión de pasivos ambientales que han sido una fuente histórica de riesgo y conflicto.

Este enfoque permite articular objetivos ambientales con objetivos productivos. La economía circular deja de percibirse como un costo adicional y pasa a ser un factor de eficiencia, competitividad e innovación. El PSCC reconoce este potencial y lo traduce en lineamientos orientados a promover investigación aplicada, desarrollo tecnológico y nuevos modelos de negocio asociados a la minería secundaria.

SEÑAL REGULATORIA HACIA 2030

Desde una perspectiva política y regulatoria, uno de los elementos más relevantes del Plan es la meta de avanzar, al año 2030, hacia la existencia de una normativa habilitante para la minería secundaria. Esta definición constituye una señal clara al mercado: el Estado reconoce que el marco regulatorio vigente no está plenamente diseñado para abordar iniciativas de reprocesamiento de relaves y residuos, y que se requiere un tratamiento normativo específico, proporcional y diferenciado.

La ausencia de reglas claras ha sido una de las principales barreras para el desarrollo de proyectos de minería secundaria. La aplicación de exigencias pensadas para la minería primaria a pasivos históricos genera incertidumbre jurídica, eleva costos de transacción y desincentiva la inversión. Al comprometer normativa habilitante, el PSCC busca corregir esta asimetría, sin debilitar los estándares ambientales ni de seguridad.

LEGITIMIDAD TERRITORIAL Y DESAFÍO DE IMPLEMENTACIÓN

El impulso a la minería secundaria tiene también una dimensión territorial y social relevante. Muchos pasivos mineros se concentran en zonas que han asumido históricamente los costos ambientales de la actividad minera. Abordarlos desde una lógica de valorización y economía circular permite reducir riesgos, mejorar estándares de seguridad y generar nuevas oportunidades de desarrollo local.

En definitiva, el Plan Sectorial de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático en Minería marca un punto de inflexión regulatorio y político para el sector. No redefine el rol estratégico de la minería en el desarrollo del país, pero sí establece nuevas condiciones para su sostenibilidad futura.

La meta de contar con normativa habilitante para la minería secundaria al 2030 debe entenderse como un proceso estratégico que comienza hoy y que exige coordinación público-privada, capacidades técnicas y liderazgo sectorial.

 

 

 

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