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La urgencia de repensar la industria minera para dinamizar la economía

  • Por Ramón Rada Jaman, gerente de Operaciones de Soilfe; y presidente de la Comisión de Innovación del IIMCh.//

Ramón Rada Jaman, gerente de Operaciones de Soilfe; y presidente de la Comisión de Innovación del IIMCh

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Chile registró en febrero de 2026 su menor producción mensual de cobre en casi nueve años: una caída de 8,5% respecto de enero y de 4,8% en comparación con igual mes del año anterior. Más que una cifra coyuntural, es una señal de alerta. El desafío no es menor y está en volver a crecer.

Sin nuevos proyectos ni una estrategia de exploración y sondaje en la gran minería que amplíe nuestra base productiva, las oportunidades para emprendedores y proveedores de la industria se estrechan. También se limita la incorporación de tecnologías que permitan agregar valor, mejorar la productividad y contribuir de manera efectiva a la lucha contra el cambio climático. La minería no solo extrae recursos: construye encadenamientos, habilita innovación y proyecta desarrollo. Incentivos que lo viabilicen son necesarios.

La riqueza de Chile está, sin duda, en su gente. Pero el bienestar económico y la estabilidad se sostienen, cuando somos capaces de transformar nuestros recursos minerales en reservas; y las reservas en producción con destino final o de exportación, ya sea como concentrados o cobre refinado. Lo mismo aplica para otros minerales, metálicos y no metálicos, cuya demanda impulsa industrias diversas y dinamiza la economía en su conjunto.

Ese impulso emprendedor, orientado a mejorar prácticas productivas y conquistar nuevos mercados, se ha ido debilitando. En parte, por una burocracia que ralentiza decisiones clave; en parte, también, por una autocomplacencia que nos ha hecho perder urgencia y una permisología que aún nos mantiene anclados al lastre inmovilizador de la reactivación. Repensar la industria ya no es opcional: es imprescindible.

Chile tiene ventajas que pocos países poseen. Su vocación minera y su condición marítima no solo son compatibles, sino complementarias. El océano no es un límite, sino una plataforma: facilita la sostenibilidad de la actividad minera, conecta nuestras exportaciones con el mundo y amplía el horizonte de desarrollo. En esa relación, histórica y proyectiva, se juega buena parte de nuestro futuro.

Volver a crecer no es solo un objetivo económico. Es, en rigor, un deber moral con las generaciones que vienen.

 

 

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