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Daniela Desormeaux: “El riesgo de depender demasiado de ciclos del cobre es asumir como permanentes ingresos transitorios”
- “La volatilidad debe asumirse como parte del escenario”, afirma la economista, subrayando los riesgos de tomar decisiones con una mirada de corto plazo.

En un escenario presente en el que los valores del cobre bordean los US$6 la libra, el principal producto de exportación del país no solo impulsa expectativas de crecimiento, sino que también condiciona decisiones clave en inversión minera y política fiscal.
Para la economista Daniela Desormeaux, el efecto más inmediato de un ciclo alcista es claro: “Precios ‘altos’ generan incentivos para producir más y para impulsar nuevos proyectos o expansiones”.
Este fenómeno responde a una lógica económica directa. “Con mejores precios, iniciativas que antes eran marginales o no rentables pasan a ser viables”, explica, lo que resulta especialmente relevante para la minería chilena, que enfrenta desafíos como menores leyes minerales, mayores costos y una productividad más exigida.
Sin embargo, “el principal riesgo es asumir como permanentes, ingresos que pueden ser transitorios y además muy volátiles”, afirma. En ese sentido, enfatiza que “la volatilidad debe asumirse como parte del escenario, especialmente en el corto plazo”, lo que obliga a la industria a evitar decisiones basadas únicamente en coyunturas favorables.
Este peligro se vuelve más relevante en un contexto global cambiante. “Si uno analiza la duración de los ciclos económicos, vemos que desde la pandemia éstos son mucho más cortos, pero a la vez más pronunciados”, explica. En otras palabras, el cobre -como otros commodities. está sujeto a fluctuaciones más intensas y difíciles de anticipar.
¿ES BUENA NOTICIA EL ALTO PRECIO DEL COBRE?
El impacto del precio del cobre no se limita al sector productivo. También, tiene efectos directos sobre las arcas fiscales. “Un mayor precio se traduce en mayor recaudación fiscal, vía royalties, tributación y aportes directos”, explica Desormeaux, lo que “entrega mayor holgura a las finanzas públicas”.
No obstante, “no solo importa el precio spot que vemos hoy, o el precio que pueda cerrar el año. También, son clave las expectativas de largo plazo”, plantea la experta.
Esto se debe a que Chile utiliza parámetros estructurales para estimar sus ingresos permanentes. “El precio de referencia del cobre influye directamente en cuánto gasto se compromete, resguardando la estabilidad fiscal en el tiempo”, sostiene.
Sin embargo, el atractivo de los precios altos convive con una característica clave del mercado del cobre: su volatilidad. “Es importante tener presente que los precios son cíclicos”, advierte Desormeaux, agregando que están “fuertemente influenciados por las condiciones macroeconómicas globales”.
De hecho, subraya que la lógica de inversión minera trasciende los ciclos de precios: “Las decisiones de inversión se toman con un horizonte de largo plazo, considerando los tiempos de desarrollo que requieren los proyectos”.
MEJORAR LA PRODUCTIVIDAD
Pese a estos riesgos, Desormeaux plantea que los periodos de altos precios también representan una ventana estratégica. “Estos ciclos pueden ser una oportunidad para destinar recursos a inversiones que mejoren la productividad de largo plazo”, señala.
Entre ellas menciona infraestructura, capital humano, innovación, mejoras en permisos y desarrollo tecnológico. “Ahí el rol de la política pública es muy relevante”, enfatiza.
Finalmente, la economista instala una reflexión sobre la dependencia del país respecto de este recurso. “Generalmente se habla de la maldición de los recursos naturales”, indica, advirtiendo que el problema no es la abundancia de recursos, sino su gestión.
En esa línea, concluye: “El tema no es el recurso en sí, sino cómo se administran los ingresos que genera y cómo se diseñan políticas públicas que permitan mayor resiliencia y generar rentas más allá de los minerales”.




