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Salud mental en la minería chilena: el estudio de Cochilco que abre una nueva agenda de riesgos psicosociales
- El informe de Cochilco revela una paradoja clave para la minería chilena: aunque el sector registra una baja incidencia formal de enfermedades profesionales por salud mental, sus condiciones de trabajo —turnos extensos, aislamiento, faenas remotas y altos niveles de exigencia— lo mantienen expuesto a riesgos psicosociales que requieren monitoreo permanente y gestión preventiva.
La salud mental dejó de ser un asunto periférico en la conversación laboral chilena y pasó a ocupar un lugar central en la gestión de seguridad y salud ocupacional. Así lo confirma el reciente informe Salud Mental en la Industria Minera Nacional, elaborado por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), que sistematiza estadísticas oficiales de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), resultados del cuestionario CEAL-SM/SUSESO, normativa chilena y experiencias internacionales de países mineros como Australia y Canadá.
El estudio parte de una constatación contundente: en 2025, los diagnósticos asociados a salud mental representaron el 76,6% del total de enfermedades profesionales registradas en Chile. Sin embargo, en la minería los indicadores aparecen por debajo del promedio nacional. La tasa total de enfermedades profesionales del sector llegó a 0,11%, mientras que la tasa específica de enfermedades profesionales por salud mental alcanzó 0,03%, frente al 0,13% observado para el conjunto de las actividades económicas.
UNA PARADOJA MINERA: BAJA INCIDENCIA REPORTADA, ALTOS FACTORES DE EXPOSICIÓN
La fotografía que entrega Cochilco plantea una paradoja. La minería chilena muestra mejores resultados relativos que otros rubros en los registros formales de enfermedades profesionales por salud mental, pero opera bajo condiciones que la literatura y la experiencia internacional reconocen como especialmente exigentes: faenas aisladas, turnos extensos, trabajo en altura, continuidad operacional, exposición a ambientes extremos y dificultades para compatibilizar vida laboral, familiar y comunitaria.
El informe advierte que, aunque los casos siguen siendo bajos en términos de tasa, la evolución reciente merece atención. En minería, los casos de enfermedades profesionales asociadas a salud mental aumentaron de 5 en 2019 a 24 en 2025. Además, en 2025 representaron el 32% del total de enfermedades profesionales del sector, una proporción que muestra que el componente psicológico ya forma parte de la matriz de riesgos laborales de la industria.
LOS RIESGOS PSICOSOCIALES BAJO LA LUPA
Entre los principales riesgos psicosociales identificados se encuentran las altas exigencias laborales, la sobrecarga de trabajo, la inseguridad en el empleo, los conflictos de rol, la vulnerabilidad frente a situaciones organizacionales y las barreras para la conciliación entre trabajo y vida personal. A estos factores se suman características propias del trabajo minero, como la distancia respecto del hogar y la vida en campamentos o zonas remotas.
Junto con los riesgos, el documento también identifica factores protectores: apoyo social entre colegas, claridad de roles, liderazgo positivo, autonomía para ejecutar tareas, reconocimiento y canales de comunicación efectivos. La prevención, por tanto, no se limita a detectar síntomas o reaccionar ante licencias médicas, sino que exige intervenir en la organización del trabajo y en la cultura de liderazgo.
CÓMO SE MIDE LA SALUD MENTAL LABORAL EN CHILE
El principal instrumento de evaluación en Chile es el cuestionario CEAL-SM/SUSESO, compuesto por 88 preguntas y 12 dimensiones de riesgo psicosocial. Además, la escala GHQ-12 permite aproximarse al estado general de salud mental de las personas trabajadoras, aunque el informe subraya que su cobertura en minería todavía es limitada.
En 2024, más de un millón de trabajadores fueron evaluados mediante instrumentos de riesgo psicosocial en Chile. Los resultados muestran que el 3% de los centros de trabajo se ubicó en riesgo alto y el 20,9% en riesgo no óptimo, cifras que disminuyeron respecto de 2023. En minería, el riesgo alto fue de apenas 0,4%, mientras que el riesgo no óptimo alcanzó 8%. No obstante, al observar la escala GHQ-12, el reporte identifica que solo 2,3% de los centros mineros se ubicó en riesgo alto, pero 40,7% permaneció en una zona no óptima, lo que sugiere que las señales de malestar pueden estar presentes aun cuando no se traduzcan en diagnósticos formales.
GÉNERO, PARTICIPACIÓN LABORAL Y NUEVAS PREGUNTAS PARA LA INDUSTRIA
Uno de los hallazgos relevantes es la dimensión de género. En 2025, la distribución de casos de enfermedades profesionales por salud mental en minería fue equitativa entre hombres y mujeres, pese a que la participación femenina en el sector sigue siendo menor que la masculina. El informe también señala que, a nivel general, las mujeres presentan mayor riesgo no óptimo en salud mental: 67,9%, frente a 56,2% en hombres.
Este dato abre una línea de análisis para la minería chilena: la incorporación creciente de mujeres a faenas históricamente masculinizadas no solo exige políticas de inclusión y prevención de discriminación, sino también sistemas de medición capaces de capturar cargas diferenciadas, experiencias de vulnerabilidad, dinámicas de convivencia y condiciones de trabajo que pueden impactar de manera desigual.
LECCIONES DE AUSTRALIA, CANADÁ E ICMM
El estudio de Cochilco revisa experiencias internacionales que han avanzado hacia modelos más específicos para la minería. Australia, por ejemplo, incorporó la gestión de riesgos psicosociales dentro de sus marcos de seguridad y salud en el trabajo, con especial atención a trabajadores en sistemas FIFO, faenas remotas y jornadas prolongadas. Programas como MATES in Mining, Resourceful Mind y Mental Awareness, Respect and Safety buscan prevenir el suicidio, reducir el estigma, promover apoyo entre pares y fortalecer liderazgos capaces de detectar señales tempranas de deterioro.
Canadá, en tanto, cuenta con la norma CAN/CSA-Z1003-13 sobre salud mental y seguridad psicológica en el trabajo, además de iniciativas sectoriales como el protocolo Hacia una Minería Sostenible, que incorpora indicadores, capacitación, monitoreo y compromisos de mejora continua. A nivel global, el Consejo Internacional de Minería y Metales propone un modelo integrado con cuatro pilares: prevenir el daño, intervenir tempranamente, responder cuando se produce daño psicológico y promover experiencias laborales positivas.
CHILE: NORMATIVA VIGENTE Y METAS DE LARGO PLAZO
En Chile, la Ley N°16.744 y los protocolos de vigilancia reconocen las patologías mentales como enfermedades profesionales cuando existe relación causal con el trabajo. A ello se suma la Política Nacional Minera 2050, que incorpora metas vinculadas con salud mental y social, percepción laboral y reducción de licencias médicas. Más recientemente, la Política Nacional de Seguridad y Salud en la Minería refuerza la necesidad de abordar los riesgos psicosociales como parte de una cultura preventiva centrada en las personas.
El desafío, según el estudio, no está solo en tener normas o instrumentos generales, sino en lograr que estos dialoguen con las condiciones concretas de la minería. Por ello, Cochilco plantea la conveniencia de ampliar la cobertura de medición, fortalecer guías sectoriales, desarrollar herramientas específicas para faenas mineras e integrar los indicadores de bienestar psicológico en los sistemas de gestión de seguridad y salud existentes.
DE LA REACCIÓN A LA PREVENCIÓN
Una de las ideas centrales del informe es que la salud mental no puede gestionarse únicamente con indicadores rezagados, como licencias médicas, ausentismo, denuncias o diagnósticos ya declarados. La industria necesita también indicadores adelantados: capacitación de supervisores, participación en programas preventivos, evaluación periódica de riesgos, tiempos de respuesta organizacional, calidad del liderazgo y existencia de redes de apoyo en terreno.
Ese tránsito —desde una mirada reactiva hacia una gestión preventiva— es clave para una industria que opera con alta tecnología, grandes inversiones y estándares cada vez más exigentes en sostenibilidad. La salud mental, en esta lógica, deja de ser un asunto individual para convertirse en un componente de productividad, continuidad operacional, seguridad, diversidad e inclusión.
UN PUNTO DE PARTIDA PARA UNA MINERÍA MÁS SALUDABLE
El estudio de Cochilco no presenta una crisis sanitaria en la minería, pero sí una advertencia estratégica. Los indicadores actuales pueden ser comparativamente favorables, pero las condiciones estructurales del trabajo minero exigen vigilancia permanente. La baja tasa de enfermedades profesionales por salud mental no debe interpretarse como ausencia de riesgo, sino como una oportunidad para actuar antes de que los problemas se profundicen.
En un sector que busca avanzar hacia una minería más sostenible, diversa y tecnológicamente sofisticada, el bienestar psicológico de las personas aparece como una condición habilitante. La agenda que propone el informe —más medición, mejores instrumentos, liderazgo preventivo, aprendizaje internacional y adaptación sectorial— marca un camino claro: cuidar la salud mental no es un complemento de la seguridad minera, sino parte de su núcleo.
IMPACTO EN LAS POLÍTICAS MINERAS
La principal consecuencia del estudio para las políticas mineras es que instala la salud mental como un eje de gestión pública y sectorial, no solo como una materia de bienestar interno de las empresas. Sus resultados entregan evidencia para actualizar instrumentos de prevención, ampliar la cobertura de medición y diseñar políticas más específicas para faenas con turnos largos, aislamiento, trabajo en altura y mayor diversidad laboral. En ese sentido, la minería chilena enfrenta el desafío de incorporar indicadores psicosociales en la planificación de largo plazo, en la fiscalización, en los estándares de seguridad y en los compromisos de sostenibilidad que orientan a la industria hacia 2050.
Así, el informe de Cochilco puede convertirse en un insumo clave para una nueva generación de políticas mineras: más preventivas, más sensibles a las condiciones reales del trabajo y más articuladas entre Estado, empresas, trabajadores, mutualidades y organismos técnicos. El mensaje de fondo es claro: si Chile quiere consolidar una minería sostenible, competitiva e inclusiva, la salud mental deberá ser tratada como parte estructural de la seguridad minera, de la productividad y de la legitimidad social del sector.
Para ver el informe completo, vaya al siguiente enlace:




