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Claves para el futuro: Integrar la Interseccionalidad y la Regeneración en la lucha frente al cambio climático

  • Por Felipe Fontecilla, Director de Acción climática en 2811.

Felipe Fontecilla, Director de Acción climática en 2811.

A medida que enfrentamos la magnitud del cambio climático, la urgencia de encontrar soluciones efectivas y comprensivas nunca ha sido más crítica. En este contexto, la interseccionalidad y el diseño regenerativo emergen como dos enfoques esenciales para abordar esta crisis multifacética de manera holística y justa.

La interseccionalidad, un concepto que originalmente surgió en el ámbito legal de la mano Kimberlé Crenshaw y de los estudios críticos, nos permite entender cómo diferentes formas de identidad y estructuras de poder interactúan e impactan la manera en que diferentes grupos experimentan problemas como el cambio climático. Este enfoque nos revela que la crisis climática no afecta a todos por igual, impactando de manera desproporcionada a aquellos en situaciones de vulnerabilidad, como comunidades indígenas, mujeres, y miembros de la comunidad LGBTIQ+. Quienes históricamente han debido luchar por la garantía de sus derechos fundamentales.

Las comunidades indígenas, por ejemplo, a menudo enfrentan las consecuencias más directas de la degradación ambiental, a pesar de ser las que menos contribuyen a ella. De la misma manera, sabemos que las mujeres – especialmente en países en desarrollo – suelen depender más directamente de los recursos naturales para su sustento y el de sus familias. Cuando estos recursos se agotan o se contaminan, son ellas quienes más sufren. A pesar de estas realidades, las voces de estos grupos a menudo son subrepresentadas o ignoradas en las políticas y estrategias climáticas, lo que no sólo es un fallo en términos de justicia social, sino que también compromete la eficacia de nuestras respuestas globales.

La misma razón de su vulnerabilidad, sostiene una clave para la construcción de soluciones eficaces frente a esta crisis multidimensional a la que nos enfrentamos. Es a través de la resiliencia, construida desafortunadamente por una historia de violencia sistemática ejercida hacia estos grupos, que hoy entendemos la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de la vida. La historia de los últimos 30 años de negociaciones climáticas nos muestra que las políticas ambientales que ignoran las realidades raciales y económicas tienden a fallar en su implementación, ya que no todas las comunidades pueden participar de la misma manera en soluciones cruciales como la transición a energías renovables.

En este ámbito, el diseño regenerativo emerge como un marco para repensar nuestras interacciones con el medio ambiente. Inspirados por visionarios como Humberto Maturana, Bill Reed y Carol Sanford, este enfoque va más allá de la sostenibilidad; no se trata sólo de reducir el daño, sino de entendernos como actores dentro de un ecosistema con la capacidad de acelerar la regeneración y revitalizar los ecosistemas y las comunidades que los habitan. El diseño regenerativo nos incita a imaginar soluciones que no sólo restauren el medio ambiente, sino que también fortalezcan las capacidades comunitarias, mejoren la calidad de vida y fomenten la resiliencia ecológica y social.

La combinación de la interseccionalidad con el diseño regenerativo nos permite abordar la crisis climática de una manera que es tanto inclusiva como innovadora. Por ejemplo, al integrar la interseccionalidad en proyectos de diseño regenerativo, podemos asegurarnos de que las iniciativas de restauración ecológica también aborden las necesidades y aprovechen el entendimiento, las habilidades desarrolladas de las comunidades afectadas. En este sentido, implementar un enfoque interseccional en el diseño regenerativo significa también cuestionar y expandir nuestra comprensión de lo que significa un problema ambiental. Esto implica reconocer que los desafíos como el cambio climático están intrínsecamente ligados a cuestiones de derechos humanos, equidad social y justicia.

Integrar estos enfoques requiere un cambio fundamental en cómo concebimos e implementamos soluciones medioambientales. Al enfrentar el cambio climático, debemos adoptar un enfoque que sea tan complejo como el problema mismo. No es suficiente que un proyecto sea ecológicamente viable; también debe ser socialmente justo y culturalmente pertinente. Por ejemplo, iniciativas que combinen tecnologías verdes con programas de empleo para jóvenes en comunidades desfavorecidas no sólo pueden ayudar a limpiar el aire y el agua, sino también ofrecer oportunidades económicas y romper ciclos de pobreza y marginación.

En definitiva, un enfoque que combine estas disciplinas no solo es estratégicamente inteligente sino moralmente imperativo. Nos permite construir un mundo donde la salud del planeta y la dignidad de sus habitantes son consideradas conjuntamente, guiando nuestras acciones hacia soluciones que honran y sustentan la diversidad de la vida en todas sus formas.

 

 

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