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Industria de Minería y Metales podría generar hasta US$750.000 millones adicionales al año si mejora su productividad

  • Un informe de McKinsey estima que las industrias de minería y metales podrían capturar este potencial mediante mejoras operacionales, optimización de procesos y adopción efectiva de tecnología, en un contexto de costos crecientes.

Las industrias de minería y metales podrían generar entre US$450.000 millones y US$750.000 millones anuales adicionales si escalaran mejoras de productividad.

La minería dispone de más tecnología que nunca para mejorar su desempeño, pero el avance no se ha traducido en ganancias sostenidas de productividad. Según el informe Global Materials Perspective 2026, de McKinsey, las industrias de minería y metales podrían generar entre US$450.000 millones y US$750.000 millones anuales adicionales si escalaran mejoras de productividad.

La excelencia operacional concentra la mayor parte de esta oportunidad, en un escenario en que los costos unitarios del cobre, el oro y el hierro han aumentado entre 28% y 36% desde 2020.

El estudio, basado en el análisis de más de 150 innovaciones y referencias de la industria, estima que entre US$300.000 millones y US$475.000 millones anuales podrían provenir de mejoras operacionales, como optimizar el flujo de producción, aumentar la recuperación y reducir costos.

Para Phillip Whatmore, CEO de TIMining, el desafío no consiste únicamente en producir más, sino en comprender cómo la ejecución diaria contribuye al cumplimiento del plan minero. “Cumplir la meta de toneladas es importante, pero no cuenta toda la historia. También necesitamos saber si se extrajo el material previsto, con la calidad esperada y en la secuencia definida. Esa relación permite entender cuánto está aportando la operación al resultado del negocio”, señala.

COSTOS AL ALZA Y RECURSOS QUE DEBEN RENDIR MÁS

El aumento de los costos unitarios presiona a las operaciones y refuerza la necesidad de aprovechar mejor la capacidad instalada. Una faena puede alcanzar el tonelaje programado y, aun así, obtener resultados inferiores a los previstos si extrae material fuera de secuencia, genera mayor dilución o deja sectores pendientes que afectan las siguientes etapas.

Phillip Whatmore, CEO de TIMining,: «el desafío no consiste únicamente en producir más, sino en comprender cómo la ejecución diaria contribuye al cumplimiento del plan minero»

Algo similar ocurre cuando se busca elevar la producción incorporando más equipos sin identificar primero la restricción del sistema. Sumar camiones, por ejemplo, puede aumentar las colas y los costos si el problema está en la capacidad de carguío, una rampa o el chancador.

“Antes de sumar equipos, hay que entender qué está limitando la producción. La decisión debe considerar cómo funciona la operación completa y qué mejora concreta se busca conseguir”, explica Whatmore.

En este contexto, McKinsey estima que la optimización del flujo de producción representa por sí sola una oportunidad de entre US$135.000 millones y US$225.000 millones anuales para las industrias de minería y metales.

LA TECNOLOGÍA DEBE TRADUCIRSE EN DECISIONES OPERACIONALES

El informe también presenta el caso de un productor de cobre que aumentó en 5% su flujo de producción mediante optimización con aprendizaje automático, prácticamente sin incorporar nuevo capital.

El ejemplo ilustra el potencial de mejorar el desempeño con los recursos existentes. Sin embargo, para capturar esas oportunidades, las operaciones necesitan conectar la planificación con lo que ocurre realmente en la faena, identificar las desviaciones y comprender sus causas a tiempo.

El desafío para la industria no es solo incorporar más tecnología, sino integrarla en la gestión diaria y convertir los datos en decisiones oportunas

Con más de 15 años de experiencia desarrollando software para la minería, TIMining plantea que integrar información de planificación y ejecución permite evaluar no solo cuánto material se mueve, sino también si ese movimiento responde a las prioridades del plan.

“La oportunidad está en conectar el plan con lo que realmente ocurre en la mina y utilizar esa información para decidir. El aporte de la tecnología se hace concreto cuando ayuda a priorizar una tarea, ajustar un destino o corregir una desviación que afecta el resultado operacional”, agrega el ejecutivo.

McKinsey también advierte que la adopción de tecnologías como los camiones autónomos ha avanzado de manera desigual. Escalar estas soluciones e integrarlas con la planificación, la operación y el mantenimiento será clave para ampliar sus beneficios.

El desafío para la industria, por tanto, no es solo incorporar más tecnología, sino integrarla en la gestión diaria y convertir los datos en decisiones oportunas. Es ahí donde la eficiencia operacional puede traducirse en mejoras concretas de productividad y competitividad.

 

 

 

 

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