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Modernizar activos existentes: qué necesitamos saber antes de invertir

  • Por Carlos González, Managing Director de Wingenroth Consulting. //

Carlos González, Managing Director de Wingenroth Consulting

Un equipo puede llevar décadas funcionando y seguir siendo esencial para una operación. Quienes trabajan con él conocen sus particularidades, saben qué revisar y reconocen señales que no siempre quedan registradas en un sistema. Ese conocimiento tiene valor. La pregunta es qué información adicional podría ayudarles a decidir mejor.

Pensé en esto durante InterConnected World 2026, organizado por Wesco Anixter en Santiago. La exposición sobre IA física fue uno de los temas que más me interesó. Me hizo pensar en cómo conectar cámaras, sensores y datos operacionales para comprender lo que ocurre en una instalación y apoyar una respuesta.

Desde mi experiencia en finanzas, trabajando cerca de los equipos operacionales, veo una oportunidad interesante para la minería. También veo la necesidad de evaluar con cuidado dónde tiene sentido invertir y qué debe ocurrir para que esa inversión entregue valor.

LA EDAD DEL EQUIPO NO RESUELVE LA DECISIÓN

Cuando hablamos de activos legacy, es decir, equipos existentes de generaciones anteriores, podemos imaginar que ya deberían haber sido reemplazados. Pero la realidad suele ser más compleja. Contar con mejor información sobre su condición puede ayudar a anticipar intervenciones de mantenimiento, reducir detenciones por fallas y prolongar su vida útil. Esto puede favorecer la continuidad de la producción y permitir postergar inversiones de reemplazo, siempre que mantener el activo sea seguro y económicamente conveniente.

Por eso, antes de elegir una solución, conviene entender qué está dificultando la operación. Tal vez una falla se detecta demasiado tarde. Quizás una inspección requiere mucho tiempo o la información está repartida entre reportes, sistemas y personas. En ocasiones, el problema es que el equipo responsable no dispone de los antecedentes necesarios para justificar una intervención.

Ese diagnóstico ayuda a evaluar opciones. Puede bastar con utilizar mejor los datos existentes. Puede ser necesario incorporar sensores, mejorar la conectividad o relacionar señales que hoy se observan por separado. También puede corresponder reemplazar el activo.

¿QUÉ OCURRE DESPUÉS DE UNA ALERTA?

Una señal de temperatura, vibración o consumo puede aportar información útil. Su valor depende de lo que el equipo pueda hacer con ella.

Si una alerta indica un cambio en la condición de una máquina, alguien necesita revisarla, entender su contexto y determinar si corresponde intervenir. También debe existir una forma de registrar lo ocurrido y comprobar si la respuesta fue adecuada. Esa conexión entre información y trabajo cotidiano merece tanta atención como la tecnología que captura el dato.

Aquí encuentro un vínculo directo con la evaluación financiera. El beneficio esperado de evitar una interrupción depende de detectar una señal relevante a tiempo y contar con una respuesta efectiva.

Además del precio de los equipos y las licencias, hay que considerar instalación, integración, conectividad, capacitación, mantenimiento y soporte. También, el tiempo que las personas dedicarán a sostener la solución.

Una propuesta puede ser atractiva en una demostración y exigir un esfuerzo distinto al llevarla a terreno. Comprender esa diferencia permite presupuestar mejor y tomar una decisión más informada.

SABER CÓMO ESTAMOS ANTES DE COMENZAR

Para evaluar un resultado necesitamos conocer el punto de partida. Puede ser el tiempo dedicado a inspecciones, la frecuencia de ciertos incidentes, la disponibilidad de un equipo o las horas utilizadas en reunir información. La medición debe responder al problema y ser práctica de mantener.

También, conviene acordar desde el inicio qué queremos aprender de un piloto y qué evidencia justificaría continuar. Una prueba puede ayudar a comprobar si una señal es confiable, si la información llega cuando se necesita o si las personas pueden incorporarla a su trabajo.

En esa evaluación importa observar el proceso completo. Que la tecnología funcione es necesario; que pueda utilizarse de manera consistente en la operación es parte del resultado.

Y cuando aparecen mejoras, debemos revisar qué las explica. Un cambio en mantenimiento, una modificación del proceso o nuevas condiciones de uso también pueden influir. Reconocerlo fortalece la evaluación y ayuda a construir expectativas razonables.

LA RESPONSABILIDAD SIGUE SIENDO NUESTRA

A medida que la IA se conecta con procesos físicos, debemos definir con claridad su alcance: qué puede recomendar, qué puede ejecutar y en qué momento necesita aprobación humana.

También debemos saber quién responde por la decisión y cómo actuar cuando el sistema se equivoca o no dispone de información suficiente. Son asuntos que deben abordarse desde el diseño, con quienes conocen la operación y tendrán que utilizar la solución.

Esto requiere colaboración entre mantenimiento, operaciones, tecnología, seguridad y finanzas. Cada área ve una parte del problema. Reunir esas perspectivas permite evaluar mejor tanto la oportunidad como las exigencias de implementarla.

La minería tiene una oportunidad para obtener más información útil de sus activos y aprovechar el conocimiento de las personas que trabajan con ellos. Sensores, analítica e IA pueden contribuir a ese esfuerzo, siempre que estén vinculados con una necesidad concreta y una respuesta posible.

Desde finanzas aprendí que aprobar una inversión es apenas una parte del trabajo. Después hay que seguir sus supuestos, entender lo que sucede y evaluar el resultado. Esa misma disciplina puede ayudarnos a modernizar activos existentes: invertir donde la información permita tomar mejores decisiones de mantenimiento, continuidad y renovación.

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