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El robo a convoyes en Chile: los números que nadie quiere ver
- Tras el asalto al convoy ferroviario del FCAB que transportaba cátodos de cobre desde Calama —el último de una serie que acumula más de 100 ataques en los últimos cinco años— surge la pregunta que toda empresa del norte minero debería hacerse hoy: ¿mi carga está protegida si el asalto ya ocurrió? Un experto explica en cinco pasos qué verificar, qué exigir a su póliza y cómo actuar el día después.

Solo en el primer semestre de 2025, los robos al transporte de carga en Chile aumentaron un 31% respecto al mismo período del año anterior, según datos de la Multigremial Nacional de Transportistas.
Esa cifra se suma al alza explosiva del 150% registrada en 2024 en zonas críticas del país. El norte —con las regiones de Antofagasta, Tarapacá y Atacama— concentra el 26% de todos los casos nacionales y es, con diferencia, la zona de mayor crecimiento del fenómeno.
Dentro de ese universo, los convoyes son el objetivo más codiciado. El Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB) —operador de más de 700 kilómetros de vía férrea y proveedor de transporte para siete grandes faenas mineras— registró más de 100 asaltos entre 2020 y 2022, con un peak de 39 ataques solo en 2022. En septiembre de 2025, un convoy que salía desde la mina Radomiro Tomic de Codelco fue interceptado en la ruta B-50 y perdió 30 toneladas de cátodos avaluadas en 300 millones de pesos. Dos meses después, en las pampas de Baquedano, Carabineros recuperó 110 láminas de cobre enterradas en el desierto —robadas desde un tren del FCAB en movimiento. Y en abril de 2026, el mayor golpe a una red de contrabando de cobre en la historia del país: la Operación Alto Voltaje desmanteló una organización que durante cinco años movió cerca de US$917 millones en cobre robado, exportándolo principalmente a China.
EL ASALTO QUE DEMOSTRÓ QUE EL ROBO DEJÓ DE SER UN PROBLEMA DE CARGA
El 22 de abril de 2026, en la madrugada, un grupo delictual altamente organizado interceptó un tren del FCAB en el sector de la estación Los Vientos, en Mejillones, cuando el convoy trasladaba cátodos de cobre desde Calama hacia el puerto. Los atacantes llegaron en vehículos adaptados para operar a alta velocidad en el desierto y sustrajeron tres paquetes de cátodos con una eficiencia que no deja lugar a dudas sobre su nivel de preparación.
Lo que transformó este hecho en un punto de inflexión no fue el valor de lo robado. Fue que, cuando una operadora descendió del tren para realizar una maniobra rutinaria, fue interceptada e intimidada bajo amenaza directa. Por primera vez en mucho tiempo, el cuerpo de una trabajadora quedó más expuesto que la carga. El gerente general del FCAB, David Fernández, lo declaró sin rodeos: “Esto ha dejado de ser solo un problema operativo. Hoy estamos frente a hechos que amenazan directamente a las personas.”
El incidente resonó de una manera diferente a los anteriores. En el norte minero, donde casi todos conocen a alguien que trabaja en un convoy, en una mina o en una empresa de transporte de carga, esta historia no fue solo una noticia. Fue la historia de alguien conocido. Eso cambia la conversación.
CÓMO OPERAN: EL MODUS OPERANDI DE LOS QUE ASALTAN CONVOYES DE COBRE
Las investigaciones de la Fiscalía Regional de Antofagasta y los reportes de inteligencia criminal revelan un patrón repetido con variantes menores. No son robos de oportunidad. Son operaciones planificadas.
Las técnicas documentadas en la región de Antofagasta
- Intercepción en tramos de baja velocidad del tren (menos de 10 km/h): los atacantes abordan el convoy, cortan las amarras y lanzan los cátodos a un costado de la vía, donde otro grupo los recoge.
- Uso de vehículos adaptados para el desierto con capacidad de carga y alta velocidad en terreno no pavimentado.
- Indumentaria militar y chalecos antibalas: en los casos documentados de 2022, los atacantes llegaron uniformados, confundiéndose con personal de seguridad.
- Bloqueadores de señal GPS (jammers): inutilizan los sistemas de rastreo durante la operación, creando una ventana ciega en la que la empresa y la aseguradora no tienen visibilidad del convoy.
- Información interna: en al menos un caso desarticulado por la Fiscalía, se acusó a exfuncionarios del FCAB de filtrar datos de rutas y horarios. En la banda condenada a 91 años en 2024, la investigación detectó que el grupo sabía cuándo y por dónde pasaba cada convoy.
- El cobre robado no se queda en el desierto. Según las investigaciones de la Fiscalía y el trabajo de la organización AthenaLab, el metal pasa por fundiciones clandestinas —detectadas en sectores como La Chimba, en Antofagasta, y Quilicura, en la Región Metropolitana— donde se elimina cualquier rastro de trazabilidad. Desde ahí, se mezcla con chatarra legal, se documenta con facturas falsas y se exporta a China, Corea del Sur, Bélgica o India. En los cinco años que opero la red desarticulada en la Operación Alto Voltaje, el esquema funcionó con tal precisión que incluyó la obtención fraudulenta de cerca de US$65 millones en devoluciones de IVA exportador.
CINCO PASOS PARA PROTEGER LA CARGA ANTES Y DESPUÉS DE UN ASALTO
Para Lucas Behncke, especialista en transporte y colocación de seguros de Viento Sur Corredores de Seguros, el principal problema no es el asalto: es la sorpresa de descubrir que la póliza no cubre lo que debería. “Muchas empresas contratan un seguro porque el mandante se los exige, no porque entienden qué cubre. Y cuando viene el siniestro, descubren que su ruta no estaba incluida, que el GPS no cumplió el estándar de la póliza o que la figura legal del asalto no coincide con la cobertura contratada. En el norte minero, ese error puede significar cientos de millones sin respaldo”, advierte el especialista.
Antes del despacho: lo que toda empresa debe verificar
- Confirmar que la póliza cubre robo con violencia o intimidación —no solo hurto. Son figuras legales distintas, con coberturas distintas.
- Verificar que las rutas del convoy —incluidos accesos privados, vías férreas y caminos de faena— estén explícitamente incluidas en la póliza.
- Asegurarse de que el GPS cumpla los requisitos mínimos de la póliza: monitoreo 24/7, botón de pánico y tecnología anti-jamming. Un GPS apagado —o bloqueado sin protocolo de respuesta— puede invalidar la cobertura.
- Actualizar el valor asegurado de la carga según el precio de mercado vigente. Los cátodos de cobre tienen valores volátiles; si el monto declarado es inferior al real, la liquidación será proporcional, no total.
- Tener a mano el protocolo de siniestro: contacto del corredor, plazo de notificación (máximo 24 horas en la mayoría de las pólizas) y documentación mínima requerida.
El día después: los pasos que determinan si la cobertura se activa
- Denuncia inmediata a Carabineros o PDI, antes de mover cualquier bien o documentar daños por cuenta propia.
- Notificar al corredor de seguros dentro de las primeras 24 horas. El incumplimiento de este plazo es causal frecuente de rechazo.
- Preservar evidencia: testimonios del personal, registros del GPS, imágenes de los daños, documentos de la carga. La calidad de la documentación impacta directamente el monto y la velocidad de la liquidación.
- No reparar ni reponer carga sin autorización previa de la aseguradora. Hacerlo puede ser interpretado como asunción de responsabilidad y reducir la cobertura.
- Activar el acompañamiento del corredor para la gestión del siniestro. Un proceso de liquidación sin asesoría especializada puede extenderse meses y terminar en montos muy inferiores al daño real.
“El 30% de las empresas de transporte en Chile aún no cuenta con monitoreo activo de flota. En el norte, eso no solo las convierte en blancos fáciles: puede ser la razón directa por la que su aseguradora rechace la cobertura cuando el siniestro ya ocurrió”, dice Lucas Behncke, especialista en transporte y colocación de seguros, Viento Sur Corredores de Seguros.
Las bandas que operan en el norte de Chile han perfeccionado durante años un sistema que combina violencia física, neutralización tecnológica y redes legales para blanquear el mineral. El asalto del FCAB en Mejillones no fue una excepción: fue la expresión más reciente de una economía criminal cuyo tamaño, según la Operación Alto Voltaje, puede superar los US$900 millones en cinco años. Lo que sí puede cambiar —y depende directamente de la empresa que opera el convoy— es si ese riesgo está correctamente medido, correctamente asegurado y correctamente gestionado cuando el siniestro ya es un hecho.




