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Con el cobre en máximo histórico de US$6,29 la libra, el Gobierno apuesta a destrabar la inversión minera y blindar reglas de largo plazo
- En entrevista con Radio Agricultura, el biministro Daniel Mas sostuvo que Chile enfrenta una oportunidad decisiva: aprovechar el ciclo extraordinario del metal rojo para reactivar crecimiento, fortalecer las cuentas fiscales y recuperar liderazgo minero. Pero, advirtió que ese impulso solo será viable si el país corrige sus trabas históricas: productividad estancada, permisos lentos, incertidumbre regulatoria y una competencia regional cada vez más agresiva.

Este martes12 de mayo, el cobre volvió a romper registros y se instaló en niveles históricamente altos: US$6,29 la libra. Para Chile, donde el metal rojo sigue siendo la columna vertebral de las exportaciones, la recaudación y buena parte del pulso económico, esa cotización abre un respiro fiscal nada despreciable: el Presupuesto 2026 fue construido con un supuesto de precio significativamente menor, de modo que cada persistencia del cobre sobre esas proyecciones mejora ingresos tributarios y margen para las cuentas públicas. Pero la euforia del precio no alcanza para disipar la pregunta de fondo: si el país está frente a una oportunidad excepcional, ¿tiene hoy la capacidad institucional y productiva para transformarla en crecimiento sostenido?
El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, en entrevista con Radio Agricultura, se refirió a la coyuntura económica y a los desafíos del sector minero, destacando principalmente la evolución del precio del cobre y su impacto fiscal, junto con los principales desafíos estructurales de la minería chilena. Además de exponer la política del gobierno del Presidente Kast para atracción de inversiones, el secretario de Estado se explayó sobre la competencia regional y la cartera de proyectos.
Asimismo, Mas se refirió la necesidad de mantener una estabilidad regulatoria, y mayor claridad en plazos de permisos sectoriales y ambientales, y su influencia en las decisiones de inversión de largo plazo. También se explayó en la política tributaria minera y efectos del royalty minero en la competitividad del sector.
Para el secretario de Estado, la promoción de Chile como destino de inversión y posicionamiento internacional del país a través de Chile Day, así como los mensajes a inversionistas en sectores estratégicos como minería y energía, resultan de la mayor relevancia.
EN MINERÍA, INGRESAR PROYECTOS NO EQUIVALE A INVERTIR
El ministro Mas relevó la importancia del buen precio del cobre en los mercados internacionales. Pero, dijo que, la respuesta, por ahora, está cruzada por una contradicción estructural, ya que, mientras el precio del cobre se dispara, la minería chilena sigue mostrando señales de fatiga: faenas envejecidas, menores leyes, costos de extracción más altos y una década de inversiones orientadas, muchas veces, a sostener producción antes que a expandirla.
El objetivo oficial de pasar de 5,5 millones a 6 millones de toneladas aparece así como una apuesta exigente, sobre todo si Codelco debe, además, contener su propia erosión productiva y estabilizar volúmenes cercanos a 1,3 millones de toneladas. En paralelo, el Gobierno lee como una señal auspiciosa el fuerte ingreso de iniciativas al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, con montos que el Ejecutivo presenta como récord para el arranque de una administración, y una cartera minera superior a los US$100 mil millones. Pero en minería, ingresar proyectos no equivale a invertir. Entre la promesa y la faena media una disputa cada vez más intensa por capital global, en la que Chile compite no solo con su propia historia, sino también con el avance de Argentina, Perú y Bolivia.
CHILE QUIERE VOLVER A SER UN PAÍS PREDECIBLE PARA PROYECTOS ESTRATÉGICOS
En ese marco, la palabra que más gravita en la visión de Mas es “certeza”. No como eslogan, sino como condición de posibilidad para la inversión. En Toronto, durante Chile Day, el mensaje oficial ha sido precisamente ese: Chile quiere volver a ser un país predecible para proyectos estratégicos en minería y energía. El problema es que la certeza jurídica no depende solo del discurso, sino de la experiencia concreta de los inversionistas frente al Estado. Y allí el diagnóstico es severo: permisos sectoriales y ambientales que tardan hoy prácticamente el doble que hace una década, duplicidades regulatorias, largos periodos de incertidumbre administrativa y una secuencia de autorizaciones que puede comprometer decisiones cuyo retorno se calcula a 20 o 30 años. Para una industria intensiva en capital y riesgo geológico, la demora no es un costo marginal; es una variable que redefine la rentabilidad esperada y puede inclinar la balanza hacia otras jurisdicciones.
Por eso, cuando el biministro observa el flujo reciente de iniciativas ingresadas al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, lo lee como una señal de que Chile sigue siendo atractivo en el radar internacional.
En los últimos días, ese argumento ha sido reforzado por la gira de promoción en Chile Day, donde autoridades económicas, ambientales y mineras han buscado instalar un relato de país competitivo, técnicamente sólido y dispuesto a corregir sus cuellos de botella. Sin embargo, el propio Mas introduce el matiz decisivo: una cosa es el ingreso de proyectos y otra muy distinta la decisión final de inversión, que suele llegar cuatro o cinco años después. En ese intervalo se juega la credibilidad del país. Si Chile no logra acortar plazos, ordenar su sistema de autorizaciones y sostener mensajes consistentes a los mercados, la vitrina internacional puede no traducirse en capital efectivo ni en nuevas operaciones productivas.
INVARIABILIDAD TRIBUTARIA: PIEZA RELEVANTE DE LA AGENDA PROCRECIMIENTO
La discusión tributaria aparece, así, en el corazón del debate minero. Mas defiende la invariabilidad tributaria como una pieza relevante de la agenda procrecimiento del Gobierno, bajo el supuesto de que la gran minería requiere reglas estables para comprometer capital en horizontes largos y con retornos diferidos. El punto no es menor: en una industria que planifica a décadas, cada ajuste impositivo altera modelos financieros, reabre evaluaciones de riesgo y encarece el costo país.
El royalty minero, aunque fortaleció la recaudación y llevó recursos a comunas y regiones productoras, también quedó inscrito en la memoria corporativa como un cambio relevante en las reglas del juego. Esa memoria pesa. No porque las empresas desconozcan el rol fiscal de la minería, sino porque comparan jurisdicciones. Y hoy compiten con países que ofrecen marcos de mayor previsibilidad tributaria. La apuesta del Ejecutivo consiste en convencer al mercado de que Chile puede equilibrar recaudación, legitimidad social y competitividad sin volver a mover el tablero cada pocos años.
POBRE DESEMPEÑO RECIENTE DE LA ACTIVIDAD MINERA
El trasfondo macroeconómico vuelve todavía más sensible esta discusión. El Imacec de marzo cayó 0,1% en doce meses y completó un primer trimestre contractivo de 0,3%, arrastrado por la debilidad de la producción de bienes y, en particular, por una menor extracción de cobre. Aunque comercio y servicios mostraron mayor resiliencia, el inicio de 2026 dejó instalada la imagen de una economía de bajo impulso, con la minería otra vez en el centro de las explicaciones y también de las expectativas. De ahí que el mensaje del biministro exceda el sector: acelerar inversión minera, destrabar proyectos y mejorar productividad no aparece solo como una agenda gremial, sino como una palanca para revertir el pobre desempeño reciente de la actividad y recomponer perspectivas de corto y mediano plazo.
Y la competencia, como dejó entrever el ministro, ya no es hipotética. Argentina emerge con fuerza al calor del RIGI y de una narrativa agresiva de estabilidad para grandes proyectos; Perú mantiene su peso estructural en cobre; y Bolivia busca reactivar su lugar en minerales estratégicos.
Frente a ese tablero, Chile conserva ventajas de enorme espesor —escala geológica, institucionalidad, experiencia minera, infraestructura y sofisticación técnica—, pero ya no puede administrarlas como rentas automáticas. Esa es, en el fondo, la tesis que el Gobierno ha salido a vender en Chile Day: que el país sigue siendo una plataforma confiable para invertir en minería y energía, siempre que logre alinear discurso, permisos, política tributaria y ejecución estatal. Porque en esta hora alta del cobre, la pregunta ya no es cuánto vale la libra en los mercados, sino cuánto tiempo más puede Chile seguir cobrando el prestigio de su historia sin resolver los nudos que amenazan su futuro.
El precio abrió una ventana. La política económica decidirá si el país la convierte en desarrollo o la deja pasar como otra oportunidad perdida.




