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Ingeniería consciente: el nuevo estándar que exige la minería chilena

  • Por María Cecilia Jünemann L., gerente general de J.E.J. Ingeniería. //
María Cecilia Jünemann L., gerente general de J.E.J. Ingeniería.

La minería chilena vive un momento de enorme protagonismo y, al mismo tiempo, de profunda transformación. El país mantiene su posición como principal productor mundial de cobre y concentra las mayores reservas conocidas del planeta, pero la industria enfrenta hoy un desafío más complejo que aumentar la producción: crecer de manera sostenible, eficiente y con foco en las personas.

Las cifras reflejan la relevancia estratégica del sector. La minería aporta entre un 10% y un 12% del PIB nacional y sigue impulsando inversiones históricas. Solo en el primer trimestre de 2026, ingresaron al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) proyectos por más de US$17.320 millones, el mayor monto trimestral del que se tenga registro y una señal inequívoca del dinamismo que vive el país.

Pero el contexto actual exige una mirada distinta. Ya no basta con desarrollar grandes proyectos desde la excelencia técnica. Las compañías deben responder de manera simultánea a mayores exigencias ambientales, regulatorias, tecnológicas y sociales, en un entorno donde las comunidades, la sostenibilidad y la productividad forman parte de una misma conversación.

Los desafíos que vienen requieren algo más que conocimiento especializado. Según el Consejo de Competencias Mineras, la próxima década demandará cerca de 37 mil nuevos trabajadores hacia 2034, impulsados tanto por el recambio generacional como por una robusta cartera de inversiones. Son perfiles más digitales, con mayor participación femenina y capacidades alineadas con tecnologías emergentes como la automatización, la inteligencia artificial y el análisis avanzado de datos.

Esta nueva etapa obliga a repensar la forma en que diseñamos y ejecutamos los proyectos. La tecnología ya permite optimizar procesos, anticipar riesgos y mejorar la toma de decisiones en tiempo real. Herramientas como BIM, los levantamientos digitales o la inteligencia artificial dejaron de ser elementos accesorios para convertirse en parte esencial de una industria que busca ser más eficiente y sostenible.

Sin embargo, ninguna transformación será suficiente si las personas quedan fuera del centro de la discusión. La seguridad, la inclusión, el desarrollo del talento regional y la sostenibilidad no son consecuencias deseables del progreso: son condiciones estratégicas para la competitividad del país. A eso llamamos ingeniería consciente: la convicción de que la solidez técnica y la responsabilidad ambiental, social y humana no compiten entre sí, sino que se potencian.

La minería seguirá siendo uno de los grandes motores de Chile. Pero su legitimidad y su proyección futura dependerán de nuestra capacidad para construir una industria técnicamente sólida, ambientalmente responsable, tecnológicamente avanzada y profundamente humana.

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