- Por Gastón Fernández Montero, abogado especialista en Legislación Minera e historiador. //

En junio de 1853, el archipiélago de las Guaitecas fue escenario de un hecho que simboliza la fragilidad del comercio marítimo y la trascendencia del cobre chileno en la economía mundial. La barca británica Mary Imrie, cargada con lingotes de cobre provenientes de las fundiciones del Huasco y del célebre mineral de Carrizal Alto, naufragó en las costas australes de Chiloé cuando se dirigía a Liverpool.
La pérdida de aquel cargamento no fue un episodio aislado. Coincidió con un momento histórico en que el cobre chileno se había convertido en un recurso estratégico para Europa. La Guerra de Crimea, iniciada en 1853, interrumpió el suministro de cobre ruso, tradicional abastecedor de las fundiciones británicas. La escasez elevó los precios internacionales y otorgó a Chile, y particularmente a Carrizal Alto, un papel central en el abastecimiento mundial.
Los historiadores Morales y Gómez han dejado constancia de que Carrizal Alto fue, en esa época, el principal proveedor de cobre del planeta. Sus minerales, de altísima ley, eran fundidos en Fundiciones de Hardy y del Huasco, y enviados en lingotes hacia los arsenales europeos. En este proceso jugó un rol decisivo Alfredo Ovalle Vicuña, industrial minero del Huasco, quien explotaba el cobre de Carrizal Alto y lo integraba a las rutas comerciales internacionales. Su gestión empresarial permitió que la producción local se transformara en un insumo estratégico para la industria bélica europea.
El naufragio de la Mary Imrie representa, en este contexto, más que una pérdida material: es la evidencia de cómo la minería chilena estaba vinculada a los grandes conflictos internacionales del siglo XIX. El cobre del Huasco, destinado a las fundiciones británicas, era parte de un circuito económico que conectaba las faenas de Atacama con los campos de batalla de Crimea.
Hoy, a más de siglo y medio de distancia, este episodio recuerda la importancia del patrimonio minero y marítimo de Chile. El cobre que naufragó en las aguas australes fue testigo de un tiempo en que Carrizal Alto se erigía como el corazón del cobre mundial, y en que la historia local se enlazaba con los destinos de Europa




