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IMACEC: La señal de julio que Chile no puede ignorar

  • Por Silvia Riquelme Aravena, directora Guía Minera.//

Julio dejó una imagen nítida de la economía chilena: cuando la minería se detiene, el país lo siente. El Indicador Mensual de Actividad Económica cayó 1,5% frente a igual mes de 2025, su serie desestacionalizada retrocedió 1,7% respecto de junio y la principal explicación estuvo bajo tierra, en faenas donde el mineral es cada vez más difícil de extraer y el invierno obligó a interrumpir operaciones.

La minería se contrajo 9,3% en doce meses y 9,4% en la comparación mensual desestacionalizada. Fue, por amplio margen, el componente que más pesó sobre el resultado general. La producción de bienes disminuyó 3,2% anual, mientras la industria manufacturera cedió 3,1% y los servicios bajaron 0,7%. El comercio, con un crecimiento de 0,7%, y el resto de los bienes, con 3,4%, ofrecieron contención, pero no alcanzaron a neutralizar el golpe minero.

UNA CAÍDA COYUNTURAL SOBRE UN PROBLEMA ESTRUCTURAL

El parte oficial fue preciso: la producción de cobre se vio afectada por menores leyes del mineral, mantenciones y condiciones climáticas adversas. Las nevazones y sistemas frontales en el norte alteraron accesos, logística, continuidad energética y seguridad operacional; varias faenas redujeron o suspendieron actividades. El clima explica parte del tropiezo de julio, pero no toda la historia. La baja ley —menos cobre por cada tonelada de roca procesada— obliga a mover y tratar más material, eleva costos, exige más agua y energía y reduce la productividad de yacimientos envejecidos.

La magnitud se aprecia al ampliar el foco. Entre enero y julio, Chile produjo cerca de 2,9 millones de toneladas de cobre, unas 223 mil toneladas menos que en igual período de 2025 y el menor registro para esos siete meses desde 2003. Solo en julio, la producción rondó las 403 mil toneladas. El cobre, que representa cerca del 89% de la canasta minera, fue suficiente para arrastrar el índice del sector, aun cuando los minerales no metálicos y otros metales mostraron avances.

La diferencia entre el Imacec total y el no minero refuerza el diagnóstico. La actividad no minera cayó 0,3% anual: un resultado débil, pero muy distante del desplome de la minería. No se trata de minimizar la contracción de servicios o industria, sino de reconocer el peso sistémico del cobre en exportaciones, recaudación, inversión, empleo, proveedores, transporte, energía y actividad regional. La minería no es una isla estadística: sus ciclos se propagan por toda la economía.

EL CONTRASTE: MENOS TONELADAS EN UN MERCADO FAVORABLE

La paradoja es incómoda: mientras la producción retrocede, el mercado internacional ofrece precios históricamente altos y una demanda de largo plazo asociada a electrificación, redes, almacenamiento y transición energética. Algunos analistas opinan que Chile no enfrenta una falta de interés por invertir, sino una brecha entre proyectos anunciados y nueva producción efectiva. La cartera minera 2025-2034 alcanza US$104.549 millones —su mayor nivel en más de una década—, pero una fracción importante permanece en etapas previas a la construcción.

Otros análisis sectoriales advierten que el país ha perdido participación en la producción mundial de cobre durante las últimas dos décadas. La conclusión compartida no es que la minería carezca de futuro, sino que necesita velocidad, previsibilidad y coordinación. La oportunidad está, el recurso geológico existe y el capital ha expresado interés; el desafío es convertir esa combinación en concentradoras, expansiones, reposiciones, desaladoras, transmisión eléctrica, caminos, puertos y tecnología operativa.

DE LA ADVERTENCIA A LA OPORTUNIDAD

El Imacec de julio funciona como una advertencia, pero también como una hoja de ruta. El envejecimiento de los yacimientos no se revierte con discursos y el mal tiempo no se decreta fuera del calendario: ambos factores se enfrentan con inversión oportuna, planificación y mejor gestión. La respuesta no consiste en escoger entre crecimiento y exigencia ambiental, sino en hacer compatibles ambos objetivos mediante instituciones más ágiles, decisiones previsibles y proyectos técnicamente robustos.

Chile conserva ventajas difíciles de replicar: recursos minerales de escala mundial, conocimiento acumulado, proveedores especializados, energías renovables y una cartera de proyectos excepcional. Si logra acelerar su materialización y fortalecer la resistencia de las operaciones frente al clima, la caída de julio puede quedar como el punto de inflexión que recordó al país una verdad esencial: recuperar la producción minera es recuperar una de sus principales palancas de crecimiento, inversión y desarrollo del país.

UNA AGENDA URGENTE PARA VOLVER A CRECER

Posiblemente, no haya una receta única para revertir este frenazo en el crecimiento, pero sí, hay algunas condiciones que son esenciales. Entre estas:

  • Permisos con plazos ciertos: coordinar evaluaciones, digitalizar expedientes y eliminar duplicidades, sin rebajar los estándares ambientales ni de participación.
  • Prioridad a proyectos con impacto productivo: acelerar expansiones, reposiciones y mejoras de plantas capaces de compensar la baja de leyes y sostener la continuidad de faenas maduras.
  • Infraestructura habilitante: anticipar transmisión eléctrica, agua desalada, puertos, caminos y soluciones logísticas con planificación público-privada y visión territorial.
  • Resiliencia climática: reforzar pronósticos, protocolos de continuidad, rutas alternativas, stock crítico y estándares de diseño frente a nevazones, lluvias extremas y eventos de la naturaleza cada vez más frecuentes.
  • Productividad e innovación: impulsar automatización, analítica de datos, procesamiento de minerales de menor ley, eficiencia hídrica y energética, junto con formación técnica para nuevas competencias.
  • Certeza y acuerdos de largo plazo: ofrecer reglas estables que permitan financiar inversiones intensivas en capital y, al mismo tiempo, asegurar beneficios regionales, ambientales y sociales verificables.
  • Talento para la minería: Si hablamos de largo plazo, obviamente, que el talento para concretar cualquier proyecto es indispensable.  Se necesitan hombres y mujeres con las calificaciones necesarias para empujar el gran cambio en la minería, una actividad que lidera en innovación tecnológica y que requiere encantar a las nuevas generaciones. No olvidemos que, la automatización, la digitalización y la inteligencia artificial han invadido las faenas mineras y están creando nuevas oportunidades y redefiniendo los perfiles profesionales que requiere la industria.
Silvia Riquelme Aravena, directora Guía Minera

Sin duda, el mayor desafío para revertir los actuales resultados y retomar el crecimiento sectorial que impulsará el desarrollo del país es considerar estos factores y empezar a mirar nuestra minería como política de Estado y no del gobierno de turno.

 

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