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Lobo Marte: la apuesta de US$3.000 millones con la que Kinross busca redefinir el mapa del oro en Atacama

  • En plena escalada del precio internacional del metal precioso y en medio de una nueva ola de grandes inversiones mineras en Chile, el proyecto aurífero Lobo Marte avanza en su tramitación ambiental como una de las iniciativas más ambiciosas de Sudamérica, con impacto proyectado en empleo, encadenamientos productivos y continuidad operacional más allá de 2040.

En la alta cordillera de la Región de Atacama, donde la geología y la macroeconomía suelen encontrarse con una intensidad pocas veces visible para el gran público, Kinross Gold decidió acelerar una jugada que el mercado minero venía esperando desde hace años. La compañía canadiense confirmó una inversión total estimada en US$3.000 millones para desarrollar Lobo Marte, un proyecto aurífero emplazado en el cinturón de Maricunga, una de las franjas de mayor potencial geológico de Chile y también una de las más observadas por inversionistas, autoridades ambientales y proveedores estratégicos. El movimiento no ocurre en cualquier momento: llega en una etapa en que el oro se ha mantenido en niveles históricamente elevados durante 2026, reforzando el atractivo financiero de activos de gran escala y larga maduración como este.

Lobo Marte no es una novedad improvisada. El depósito fue adquirido por Kinross en 2009, como parte de una estrategia de continuidad en Chile y, particularmente, en Atacama. Desde entonces, la firma ha ido modelando una tesis de largo plazo: articular un distrito aurífero regional capaz de sostener producción, infraestructura y empleo en sucesión con La Coipa, su operación más emblemática en la zona. Esa lógica de distrito es crucial para entender la magnitud del proyecto. En minería de alta montaña, la rentabilidad depende no sólo de la ley del mineral, sino también de la posibilidad de compartir activos, derechos de agua, campamentos, energía, caminos y conocimiento operativo. En otras palabras, Lobo Marte no se explica únicamente por sus reservas, sino por su capacidad de integrarse a una plataforma minera ya existente y extender la presencia de Kinross en el norte chileno más allá de 2040.

2026: PUNTO DE INFLEXIÓN PARA EL PROYECTO

El punto de inflexión más reciente ocurrió en abril de 2026, cuando la compañía ingresó formalmente el Estudio de Impacto Ambiental ante el Servicio de Evaluación Ambiental de Chile y el expediente fue admitido a trámite, iniciando así la revisión técnica y ambiental oficial. Ese paso, que para el mercado puede parecer procedimental, en realidad marca el tránsito desde la ingeniería y la planificación hacia la fase donde se prueba la viabilidad regulatoria de una inversión de gran escala. Hoy, Lobo Marte figura entre los proyectos de oro más relevantes en evaluación ambiental en Sudamérica y concentra una porción significativa de la inversión minera actualmente en tramitación en Atacama, una señal que el sector lee como termómetro del nuevo ciclo de decisiones de capital en Chile.

La arquitectura financiera del proyecto está planteada en dos tiempos. La primera etapa considera un desembolso cercano a US$1.500 millones destinado al desarrollo inicial, construcción de infraestructura y habilitación operacional. Si obtiene las aprobaciones regulatorias, Kinross prevé desplegar una segunda fase de inversiones hasta completar los US$3.000 millones proyectados a lo largo de la vida del activo. En el plano laboral, el efecto multiplicador también es significativo: durante la construcción se estima la generación de entre 2.800 y 3.400 empleos, mientras que en operación demandaría alrededor de 1.000 trabajadores directos, sin contar el encadenamiento sobre contratistas, transporte, mantención, servicios industriales y proveedores locales. En una región donde la inversión minera sigue siendo uno de los grandes motores de actividad, estas cifras explican por qué el proyecto es observado mucho más allá del perímetro estrictamente extractivo.

En noviembre de 2025 se dio a conocer a los trabajadores los alcances del proyecto Lobo Marte

En términos técnicos, Lobo Marte combina escala, ley y diseño secuencial. El proyecto se ubica aproximadamente entre 160 y 170 kilómetros al este o noreste de Copiapó, a unos 4.200 metros sobre el nivel del mar, en un entorno de alta exigencia logística y climática. El diseño considera la explotación a cielo abierto de los rajos Marte y Lobo de manera sucesiva, con una capacidad de procesamiento estimada de 35.000 toneladas diarias de mineral mediante chancado primario y lixiviación en pilas para producir metal doré.

Según los antecedentes difundidos por la compañía y replicados en la cobertura sectorial, la iniciativa proyecta cerca de 4,7 millones de onzas recuperables de oro, recursos contenidos del orden de 6,7 millones de onzas y una ley promedio cercana a 1,29 gramos por tonelada. La vida útil total bordearía los 22 años, incluyendo construcción, operación y cierre, aunque la fase netamente operativa se extiende por alrededor de 16 años.

PRODUCCIÓN AURÍFERA DE LARGO ALIENTO

Lobo Marte

El calendario definitivo seguirá dependiendo de la evaluación ambiental, de la obtención de permisos sectoriales y de una decisión positiva de inversión, pero la estrategia de la compañía ha sido consistente: vincular linealmente la puesta en marcha de Lobo Marte con el ciclo de La Coipa para ganar flexibilidad operacional. Los primeros estudios de factibilidad hablaban de un inicio de construcción tan temprano como 2025 y de una primera producción hacia 2027; sin embargo, el ingreso del EIA recién en 2026 sugiere que la ruta real se ha desplazado y que una entrada en operación hacia el final de esta década o comienzos de la próxima aparece hoy como un escenario más coherente con la cronología regulatoria. Para Kinross, no se trata sólo de abrir una nueva mina, sino de evitar vacíos productivos en su portafolio chileno y mantener una base regional de producción aurífera de largo aliento.

Uno de los capítulos más sensibles del proyecto está en su diseño ambiental e hídrico. La infraestructura prevista incluye chancado primario, pilas de lixiviación, línea eléctrica de 220 kV y uso de derechos de agua ya existentes, operados por la filial Mantos de Oro, junto con sistemas de recirculación para reducir el consumo de agua fresca. En la documentación y en las comunicaciones asociadas al ingreso al SEIA, la empresa ha subrayado que incorporó consideraciones ambientales y comunitarias desde la etapa de diseño, con foco en la protección de recursos hídricos, fauna local y adaptación al entorno cordillerano. Esa promesa será examinada con especial rigor, dado que Maricunga es una zona de alta sensibilidad ecosistémica y de escrutinio creciente sobre la relación entre minería, agua y biodiversidad.

UNO DE LOS ANUNCIOS MINEROS MÁS SIGNIFICATIVOS DEL ÚLTIMO TIEMPO

En ese frente, Kinross ha buscado transmitir que la iniciativa no llega como un proyecto técnicamente cerrado sobre el territorio, sino como una faena que ya incorporó procesos de participación temprana y diálogo con stakeholders locales antes de su ingreso formal al sistema ambiental. Parte del valor de ese enfoque, si logra sostenerse durante la tramitación, radica en reducir uno de los principales riesgos de los megaproyectos extractivos contemporáneos: que la ecuación económica sea sólida sobre el papel, pero se vea fragilizada por conflictividad socioambiental, judicialización o pérdida de licencia social. En la minería actual, la competitividad no se mide sólo en costo por onza o en retorno sobre el capital invertido; también se juega en la calidad del vínculo territorial que la empresa sea capaz de construir.

El presidente de Kinross, Geoff Gold, fue el anitrion durante la visita de las autoridades a las oficinas de Kinross Chile en Atacama.

Por eso Lobo Marte importa tanto. No sólo por sus 4,7 millones de onzas recuperables, ni por la cifra de US$3.000 millones que lo convierte en uno de los anuncios mineros más significativos del último tiempo en Chile, sino porque resume varias de las tensiones y oportunidades de la nueva minería andina: precios del oro en niveles excepcionalmente altos, presión por activar inversión, exigencias regulatorias más complejas, alta sensibilidad ambiental y necesidad de generar valor regional duradero.

Si supera la evaluación ambiental y despeja sus permisos, el proyecto podría transformarse en una de las columnas vertebrales del negocio aurífero chileno de la próxima década. Si no lo hace, quedará como otro recordatorio de que, en minería, la geología abre la puerta, pero son la regulación, el capital disciplinado y la legitimidad territorial los que finalmente deciden qué depósitos llegan a convertirse en producción.

PRESIDENTE KAST EN KINROSS CHILE

El Presidente de Kinross, Geoff Gold., junto al Presidente Kast.

Cabe destacar que el 16 de mayo, el Presidente de la República, José Antonio Kast, junto a varios ministros de Estado y otras autoridades nacionales y regionales visitaron las oficinas de Kinross Chile en Atacama, donde pudieron conocer en detalle las iniciativas de expansión de la compañía canadiense en nuestro país. Durante el encuentro, el mandatario se interiorizó del Proyecto Extensión Vida Útil Faenas La Coipa y Purén, y el Proyecto Minero Lobo-Marte. En conjunto, estos proyectos representan la apuesta de largo plazo de Kinross en la región.

Los equipos de Kinross Chile presentaron al mandatario el alcance técnico, ambiental y social de cada proyecto, así como el estado de avance de los procesos de evaluación ambiental en curso.

El Presidente de Kinross, Geoff Gold., dijo en la instancia que “Lobo-Marte representa un paso clave en la proyección de largo plazo de Kinross en Chile y reafirma nuestro compromiso con el desarrollo sostenible de la Región de Atacama. Esperamos avanzar responsablemente en este proyecto, junto con la extensión de La Coipa y la apertura de Maricunga, fortaleciendo nuestra contribución al empleo, la inversión y el desarrollo de las comunidades de nuestra zona de influencia”.

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