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La nueva geopolítica se escribe con Tierras Raras. ¿Está Chile preparado?

  • Por Ximena Basulto Acuña, Abogada Especialista en Derecho Minero. //

Ximena Basulto Acuña, Abogada Especialista en Derecho Minero

Durante décadas, el petróleo fue el recurso que definió las relaciones de poder entre los Estados. Hoy ese mapa está cambiando. La transición energética, la electrificación de la economía y el desarrollo acelerado de tecnologías como la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y los sistemas avanzados de defensa están desplazando el centro de gravedad hacia un grupo de minerales estratégicos que, hasta hace pocos años, permanecían fuera del debate público: las tierras raras.

Su nombre puede inducir a error. No son particularmente escasas en la corteza terrestre. Lo verdaderamente raro es encontrar yacimientos cuya concentración permita explotarlas económicamente y, más aún, disponer de la tecnología para refinarlas y transformarlas en productos de alto valor agregado. Allí reside el verdadero cuello de botella.

Los diecisiete elementos que conforman este grupo son indispensables para fabricar imanes permanentes de alto rendimiento, turbinas eólicas, motores de vehículos eléctricos, dispositivos electrónicos, sistemas de guiado de precisión, satélites y una creciente variedad de aplicaciones vinculadas a la seguridad nacional. En otras palabras, no existe transición energética ni revolución tecnológica sin tierras raras.

Sin embargo, el desafío trasciende el ámbito minero. Hoy el control de las cadenas de suministro de estos minerales se ha convertido en uno de los principales escenarios de competencia geopolítica entre las grandes potencias. China concentra la mayor parte de la producción mundial y, especialmente, del refinamiento, mientras Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Australia buscan acelerar el desarrollo de nuevas fuentes de abastecimiento para reducir una dependencia considerada estratégica.

No es casualidad que las restricciones a las exportaciones de determinados minerales críticos hayan pasado a formar parte de la política exterior de diversos países. Las tierras raras dejaron de ser únicamente una materia prima: hoy constituyen un instrumento de influencia económica y geopolítica.

En este contexto, Chile posee una oportunidad que merece una discusión mucho más profunda. Tradicionalmente reconocido por su liderazgo en cobre y litio, el país también cuenta con un potencial relevante en tierras raras, especialmente en depósitos asociados a arcillas iónicas, cuya explotación presenta ventajas técnicas y ambientales respecto de otros tipos de yacimientos existentes en el mundo.

Pero disponer de recursos geológicos no garantiza liderazgo. La experiencia internacional demuestra que el verdadero valor no se encuentra únicamente en la extracción, sino en la capacidad de desarrollar conocimiento, procesamiento, innovación y cadenas industriales capaces de capturar una mayor proporción del valor económico generado por estos minerales.

La pregunta, entonces, no es si Chile posee tierras raras. La pregunta es si estamos construyendo una estrategia país para convertir ese potencial en una ventaja competitiva sostenible.

La historia minera chilena ha demostrado que las oportunidades estratégicas no permanecen abiertas indefinidamente. Mientras el mundo redefine sus alianzas energéticas, tecnológicas y comerciales, los países que comprendan el carácter geopolítico de los minerales críticos serán quienes ocupen una posición de liderazgo durante las próximas décadas.

Las tierras raras no representan únicamente un nuevo negocio minero. Representan una pieza esencial de la seguridad energética, de la competitividad industrial y del posicionamiento internacional de los Estados.

Chile aún está a tiempo de asumir ese desafío. Pero el tiempo, en geopolítica, rara vez juega a favor de quienes esperan demasiado.

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